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La ciudad de Oaxaca parece un pequeño resumen del encuentro entre el poder colonizador de la Iglesia Católica y los ancestrales pueblos indígenas. En México las iglesias de la época son una muestra reveladora de la pretensión de la colonia, que posó su mano arrasadora sobre lugares sagrados y culturas milenarias. 
El turismo recorre las calles empedradas, sus plazas rodeadas por cafés y fastuosas iglesias, con tallas en madera, altísimos muros de piedras y vitrales. El aire se mezcla con el olor del mole, y niños indígenas venden pequeñas piezas de madera coloridas y chapulines (grillos tostados que se comen como el maní).
En medio de una multitud ambulante, entretenida por la arquitectura y las ventas de mezcal y artesanías, apenas a unos metros del zócalo, un plantón de indígenas parece un elemento más del recorrido. Como si fueran piezas de museo, quedan inadvertidos. Una transeúnte los mira y dice: Míralos, mientras más se les da, más quieren.
La policía los rodea y parece incómoda con cada disparo de mi cámara fotográfica.  No hay prensa. Los indígenas del plantón han dispuesto una carpa, rodeada de carteles hechos por ellos: “Jesús no murió, Gabino lo mató”, “Gabino asesino de mujeres y niños. Copala vive”, “Queremos escuela, queremos trabajo, queremos hospitales, no queremos paramilitares”, “Castigo para paramilitares de la zona Triquis”. En una cartelera aparecen fotografías de indígenas muertos y heridos, y, en otra, una interesante línea de tiempo que dice: 1822 El gobierno destruye el cabildo indígena, 1948 el Gobierno destruye el municipio libre y soberano de San Juan Copala, 2007 El pueblo Triqui se reconstituye en municipio autónomo, 2007 a 2010 ya van más de 800 muertos triquis asesinados por el gobierno cacique y grupos paramilitares, 2011 Comisión interamericana de los derechos humanos emite las medidas cautelares, 2012 Gabino Cue sigue golpeando al pueblo Triqui.
En 1987 Oaxaca fue declarada patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO.  Sin embargo, los indígenas del plantón no parecen importarle a nadie. El turismo se extasía con las construcciones y, de postre, visita las ruinas de Monte Albán, como si eso los conectara con rituales antiquísimos. Sorprendidos por la milenaria sabiduría indígena, de pueblos desaparecidos, ignoran las masacres del presente, sus peticiones, sus demandas legítimas. El pasado 29 de mayo la CIDH otorgó medidas cautelares a 76 integrantes de la comunidad indígena Triqui, por los desplazamientos por parte de actores armados. La comunidad denunció la presencia de una camioneta que irrumpió en el sector disparando contra las viviendas. Resultaron asesinados tres indígenas.
Sin saber a ciencia cierta lo que ocurre con el pueblo Copala, hay un punto de encuentro con las demandas de los indígenas del resto de Latinoamérica: Una glorificación de su pasado, que sublima las cosmovisiones en copias de reliquias, y una absoluta distancia del presente y de las terribles condiciones a las que son sometidos.

*Psicóloga, activista, defensora de derechos humanos.

claudiaayola@hotmail.com

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