Bajarán de la alta montaña, pasarán por El Carmen de Bolívar y caminarán hasta Cartagena. Ochocientos campesinos, en una caminata pacífica, le mostrarán al mundo qué le duele a la región después de enfrentar la violencia.
Los actores armados se tomaron la tierra por años. Primero las guerrillas y luego las AUC sembraron el terror, con graves violaciones a los derechos humanos, asesinatos selectivos, masacres, y catastróficos desplazamientos masivos. La ausencia institucional, la poca representación del Estado, dejó a la población civil a la deriva.
En el campo no pasaban hambre. Arrancar una yuca, matar una gallina o compartir el arroz recién pilado, es la idea colectiva de la solidaridad, de la generosidad campesina, de la abundancia que, después de la devastadora violencia, se perdió en la hostilidad de enfrentarse al sórdido desplazamiento.
En la ciudad nunca han sido bienvenidos. La discriminación y el estigma les cerraron las puertas. A los funcionarios les costó comprender el desarraigo y la responsabilidad del Estado, a pesar de que desde 2004 la sentencia T025 de la Corte Constitucional advirtió que el desplazamiento forzado era un “estado de cosas inconstitucional”. Los autos de la Corte exigieron garantías para reconocer los derechos de los desplazados.
Entre fuerzas oscuras que amenazan a los líderes, débiles acompañamientos en los retornos a sus tierras, y sin reconocer sus derechos socioeconómicos, los campesinos marcharán por la reparación integral.
Es una gran movilización organizada, con un profundo sentido ético y político. Nuestros campesinos caminarán por lo justo. Bajarán de la montaña en paz, sin enemistad hacia el gobierno, sino mostrando su importancia para construir la paz en un territorio tan golpeado por la violencia.
El aguacate se está muriendo por un hongo. Está triste el fruto emblemático, alrededor del cual se construía la vida y el calendario en la región. Miles de hectáreas han muerto. Se sienten solos quizá, en una tierra que no sana aún, que quiere vivir, pero que requiere el compromiso de las instituciones.
Caminarán por una semana, desde el 5 de abril, pensando en la tristeza del aguacate, y pensando en todas las condiciones que requieren para permanecer en el campo después de sus retornos. Estiman llegar a Cartagena el 12 de abril.
La seriedad que se tome para escuchar los reclamos de los campesinos quizá evite futuros desplazamientos, ya no por los actores armados, sino por la estela desolada que dejaron a su paso.
Esta movilización organizada, sin duda alguna, es una evidencia de construcción de democracia. Una evidencia de la importancia de los campesinos como actores determinantes justo ahora que se habla de paz en La Habana.
*Psicóloga, activista, defensora de derechos humanos.
claudiaayola@hotmail.com
