Cartagena encalla en el manglar de la incertidumbre, con el alcalde Campo Elías otra vez en la clínica. Las maniobras que posponen su renuncia desafían la imaginación de los familiarizados con el bizantino quehacer político de “La Heroica”. Enfermo y dolorosamente frágil, su ausencia de la Casa de la Aduana por más seis meses debió provocar elecciones atípicas como manda la ley. Pero en Cartagena nada es simple, y sino que lo digan quienes vieron flotar en el horizonte, rumbo a mares ignotos, los tubos del recientemente inaugurado Emisario Submarino.
Resulta que mientras Campo Elías se encontraba delicado, la Contraloría General de la Nación le suspendió del cargo para investigar contratos turbios, que irónicamente –comidilla de los corrillos del Parque de Bolívar- se suscribieron para favorecer a quienes hoy se benefician de la interinidad del alcalde. Cuando se repuso, precariamente y justo antes de que se cumplieran los 180 días de incapacidad, la sanción impidió su regreso. La Contraloría no se pronuncia. Campo Elías anunció una tutela pero ese de ordinario eficaz y rápido instrumento sufrió algún inusual descarrilamiento.
Se llegó al impasse actual vía sibilinos enroques. El alcalde encargado, personalmente intachable, milita en el grupo de los cónyuges García sub judice. Sus tratativas burocráticas con la clase política se llevan a cabo en el hogar y en presencia de Juan José García, su incuestionable jefe político. ASI, partido de bolsillo, otrora parte del arsenal del condenado senador Martínez y que inscribió a Campo Elías Terán, incluyó, por arte de birlibirloque, al actual alcalde interino en la terna propuesta al presidente para remplazar a Campo. La encantadora y eficiente senadora Zuccardi, exadalid de la U y consentida de Juan Manuel Santos, completó la bruja diligencia craneada por su marido.
Al clan García le conviene prolongar el status quo, para apertrecharse frente a las elecciones inevitables que se aproximan. Dicen analistas lenguaraces que miembros de la familia de Campo Elías le añaden sordidez al juego. Crónica non santa de una dimisión embolatada. Sólo que Cartagena no da espera, un alcalde sin mandato y en la incertidumbre mal puede enfrentar sus múltiples urgencias. La ciudad necesita para ya alcalde electo por el pueblo porque, con gran pesar, Campo Elías es dudoso que regrese. Y eso, infame contubernio, se sabe desde hace tiempo.
Don Sancho Jimeno hubo rey enclenque, Carlos II, el enfermo de Europa. La debilidad dio pie al trágico ataque francés a Cartagena que don Sancho enfrentó en 1697. Por estos años de patrióticos bicentenarios, acongoja que la placa de mármol donde están inscritos los nombres de los Mártires de Cartagena yazga por los suelos del Camellón hecha astillas. “…;Lastimosa reliquia es solamente. De su invencible gente sólo quedan memorias funerales…;” (Rodrigo de Caro, “Canción a las ruinas de Itálica”).
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