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Columna

El derecho de los lectores

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Doctor Adolfo Agámez, esta columna es para usted. Quiero empezar por confesarle que, con algunos amigos, le llamamos “Doctor Melasma” desde hace algún tiempo. No me enorgullece contarle que compartimos sus columnas por correo electrónico y que a alguno se le ocurrió ponerle ese remoquete. Le juro que lo hacíamos de manera inocente, sin ánimos de ofenderlo.
Escribir sobre granos, manchas, caspa y acné no debe ser una deshonra. Muchas personas en el mundo estarán agradecidas por sus letras siempre útiles para el cuidado de la piel. La cosa, doctor, es que su última columna sí fue bastante extraña. Se salió usted de sus temas convencionales, pero, al parecer, la pasión le llevó a opinar sobre algo que no maneja ni poquito.
Usted tituló su columna “A propósito del matrimonio homosexual”, pero se limitó a argumentar su posición con información incorrecta. Está bien que defendemos la libertad de opinión, doctor Agámez, pero los lectores tienen derecho a que les proporcionemos una opinión fundamentada en la verdad.
Aquí el punto no es si usted o yo estamos de acuerdo o en desacuerdo con el matrimonio igualitario, el punto central es que tener la posibilidad de escribir en un medio impreso en Colombia es un “lujo” que pocos pueden darse, y que lo mínimo que uno puede hacer es ser responsable con los lectores. Su opinión respecto al matrimonio entre homosexuales deja de ser importante cuando la basa en información falsa.
En contra de toda documentación científica, usted asume que la homosexualidad se limita a un asunto cromosómico. Tiene serios problemas conceptuales para diferenciar las categorías sexo y género. No debería decírselo yo, pero la primera es una construcción biológica y la segunda es una construcción social y cultural. También tiene serios problemas para diferenciar entre orientación sexual e identidad sexual. Son dos asuntos distintos, doctor.
Su columna, más que ser un atropello a la población homosexual, es un atropello a la ciencia y a la reputación de la universidad en la que se formó. En la complicidad que puede existir entre colegas, le recomiendo que no anteponga su homofobia al respeto que se merecen nuestros lectores. Aun aquellos que están contra el matrimonio igualitario merecen tener información correcta.
Las razones que usted comparte en su columna, respecto al origen de la homosexualidad, son especulativas y carecen de fundamento científico. Lo mismo ocurre con esas categorías inventadas por usted, evidencia de su creatividad, pero un insulto a la ética médica y al sentido común de quienes lo leen. Por cierto, doctor, Salvador Gaviota, es un libro de ficción, revise si es la referencia adecuada para dar cátedra sobre la conducta sexual normal entre los animales.
De buena manera seguiría alimentando este sano debate entre columnistas de opinión, pero al asumir nuevos escenarios, me veo obligada a dejar mi columna en este medio indefinidamente. En ocasiones los horizontes cambian, pero las convicciones se mantienen.

*Psicóloga, activista, defensora de derechos humanos

claudiaayola@hotmail.com

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