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La ciudad son sus ciudadanos y sus infraestructuras. Es decir; vías, puentes, hospitales, escuelas, escenarios deportivos, bibliotecas, parques, viviendas y cuerpos de agua.
Esa es la ciudad, un ente físico y palpable, y no una entelequia o una cosa abstracta. Por eso da cierta sorna cuando los cartageneros nos reunimos atomizadamente en sub grupos para planear la visión de la ciudad a no sé cuántos años, cuando la ley nos da un instrumento de planificación. El Plan de Ordenamiento Territorial (POT), que es un dispositivo donde todos los cartageneros, sin distinción alguna, podemos convocarnos para planear la ciudad física y por supuesto social. Con instrumentos de gestión y financiación precisos y no en el aire, y con presupuestos asignados para las obras que han de construirse. Construirse, óigase bien. Porque el desarrollo es físico, y no de otra manera, y porque entre otras muchas cosas el mejor legado que le podemos dejar a nuestros hijos, amén de la educación, es la infraestructura.
A través del POT se puede diseñar el modelo o estrategia general que guiará la actuación pública y privada sobre el territorio en el corto, mediano y largo plazo (4, 8 y 12 años). En nuestro caso considero que debe ir llevando la visón a 24 años, para ir convirtiendo poco a poco (en 2 POT) a la ciudad en un gran centro turístico, industria que generará masivamente parte de los empleos que los cartageneros necesitan y porque la vocación festiva de los cartageneros nos invita a hacerlo así. El POT es el instrumento ideal que definirá esa actuación física sobre el territorio por parte no sólo de la administración pública, sino conjuntamente, óigase bien, conjuntamente, con los particulares, es decir la empresa privada. En el sistema capitalista la actuación de la empresa privada no sólo es muy importante, sino fundamental en la construcción no solo de la ciudad sino del país. Sobre todo en estos tiempos modernos donde la ley estimula y ampara las alianzas público-privadas.
Una de las causas principales del fracaso de nuestras administraciones públicas es que los famosos y protocolarios “Planes de Desarrollo” se convierten en letra muerta y en cosa no ejecutable, porque se programan para que sólo los ejecute la administración pública, y no acompañados de los privados. En días pasados decía lucidamente Jorge Rumie, en su columna de este periódico, que lo público se había retrasado en el trayecto por construir la ciudad, y que los privados habían tomado ventaja en su construcción, y es verdad.
Pero como no se trata de una competencia en la carrera de la vida cartagenera, sino que unidos, vayan lo público y lo privado, como aquella famosa imagen de los atletas olímpicos en 1968, juntos, agarrados de la manos. Pero esta vez para empoderar a los cartageneros.

gabrielrodriguezosorio@hotmail.com

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