Hace 10 días la revista Semana se refirió al saqueo de Bogotá realizado durante la administración Moreno Rojas, como el segundo “Bogotazo”, en alusión a lo devastadora que fue en el erario de esa ciudad el robo de 2 billones de pesos que hizo una pandilla de funcionarios públicos.En Colombia es costumbre tumbar al Estado. El inicio de esta peste se produjo tras la Independencia. El primer filón para depredar el erario fue el de los empréstitos, los cuales eran desplumados por los gestores de los créditos, además de negociados en condiciones leoninas para la republica naciente.
Un ejemplo, los empréstitos ingleses fueron una generosa fuente de despilfarro y negociados. Zea "para no perder el tiempo en regateos" le aceptó a los ingleses una cuenta indiscriminada de 500.000 libras en reconocimiento de unas cuentas dudosas, después firmó un pagaré por 2.000.000 de libras con un descuento del 20%, lo que agregado a otros gastos hizo que la república obtuviera sólo un 33% del dinero. En el ínterin el señor Zea se dio una vida de príncipe en Europa, costeada por la casa prestamista, que era cómplice del atraco. En 1824 Manuel Arrubla y Francisco Montoya negociaron otro empréstito por 6.750.000 de los cuales Colombia recibiría sólo 3.622.745, lo más grave es que esta plata la dejaron en la firma acreedora y esta "quebró" y la plata se perdió. Arrubla y Montoya recibieron 120000 libras de comisión. Esto último fue motivo para que en noviembre de 1826, Bolívar, mientras jugaba naipes con Santander, Arrubla y Montoya dijera esta puya: “Si así continúo pronto seré dueño del empréstito". Esta deuda sólo se canceló a comienzos del siglo XX (Credencial Historia.Sep.1990).
El robo de los inmuebles de los españoles en Cartagena se convirtió otra fuente de enriquecimiento. La prueba es que José Ma. del Castillo y Rada dijo en un mensaje de 1824: “las fortificaciones, los edificios públicos, los parques y almacenes están robados con descaro; los fraudes en la Aduana son escandalosos. Cartagena tiene muchos pícaros que castigar y que deponer en sus empleos por causa del fraude”.
Bolívar hastiado de tanto robo, estableció la pena de muerte en enero de 1824, para quienes hubieren "malversado o tomado para sí, de diez pesos para arriba". Era tanta la deshonestidad, que Bolívar desesperado, recomendaba emplear gente honrada en el gobierno "Aunque sean enemigos".
En el siglo XX la peste del saqueo al erario se agudizó. Bastaría citar los tejemanejes que hubo en la separación de Panamá, en la concesión de Mares (petróleo), en el Guavio y en el metro de Medellín. Este año el postre ha sido la complicidad de algunos funcionarios estatales en el asunto Interbolsa. Así las cosas, los escándalos que ocurren ahora y que tanto nos asombran, no son sino la resaca de remotas perversiones, como diría Jorge Zalamea.
*Columnista
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