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Columna

TBC, enfermedad democrática

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No voy a referirme a nuestra democracia enferma. El abstencionismo del domingo es solo un síntoma. Tampoco pienso escribir de nuestro enfermizo sistema de salud. No.
Muchas enfermedades afectan más a los pobres. Tan injusto y tan real. Una larga lista de factores de riesgo, asociados con la pobreza, predisponen a que tales enfermedades afecten más a los menos favorecidos.
Las enfermedades infecciosas también son más frecuentes en esa población. Sin embargo, tarde o temprano y sin distingo de credos, genero, nivel educativo o movimiento político nos pueden afectar a todos, por igual.
TBC no significa el acto de besarte en pasado, no. Es la abreviatura de tuberculosis. La TBC es muy antigua. La primera infección humana debió ocurrir hace 15.000 a 22.000 años. Millones de muertos desde entonces. Para la muestra un botón: el nacimiento de Venus es la obra más importante de Botticelli, el pintor más influyente del renacentismo florentino. La modelo de la obra, Simonetta Vespucci, murió de tuberculosis.
Algunas noticias nos confirman lo que sabemos y nos ocultamos inútilmente. La población carcelaria es un microcosmos, un caldo de cultivo para la ruptura social y para la propagación de enfermedades. El brote de tuberculosis, que causó la muerte de dos internos y el traslado de urgencia de otros cinco al Hospital General de Barranquilla, es resultado de la falta de atención oportuna por parte de la EPS Caprecom.
En Colombia hay cerca de 150 centros penitenciarios con una población cercana a 100.000 internos, hacinados. Esta noticia debería preocuparnos a todos puesto que con diagnósticos y tratamientos inoportunos e insuficientes, la mortalidad de los presos será mayor, los bacilos de la TBC se harán más fuertes y resistentes y, tarde o temprano, generarán más problemas de salud fuera de la cárcel.
El microorganismo que causa la TBC se conoce hace más de 140 años y hace 50 años hay un tratamiento adecuado que la cura en más del 90%. Por ello se pensó que se podría erradicar antes del año 2000. Hoy, casi la tercera parte de la población mundial está infectada; 9 millones de personas enferman por año y de ellas dos millones fallecen (15 muertos por hora). La situación mundial es gravísima y con poca esperanza de control a corto y mediano plazo (1).
Las cada vez mejores estadísticas del DADIS muestran un incremento en la detección del número de casos de TBC en Cartagena. Los 291 casos en el 2012, contrario a la creencia popular, se presentaron por igual en las 3 localidades en que está dividida la ciudad, sin discriminación alguna. Por eso el problema de los reclusos, local y nacional, debe ser nuestro y movernos a una campaña intensa de detección y manejo precoz así como promoción y prevención.
(1)http://www.who.int/tb/publications/global_report/gtbr12_executivesummary_es..pdf

*Profesor Universidad de Cartagena
crdc2001@gmail.com

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