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El próximo domingo los colombianos podrán emitir su juicio sobre la continuidad del Gobierno. Las encuestas merecen razonable credibilidad pero no pueden prever los impactos que en la opinión ciudadana puedan producir acontecimientos que sobrevengan en esta semana que se inicia.

El Gobierno muestra desespero ante los sondeos que confirman una declinación del aura de victoria del señor Presidente. Las cifras preocupan y el Gobierno no está dispuesto a perder. Ya el pueblo colombiano sabe que, sin asco ni vacilación, todas las palancas del poder público serán empleadas para impulsar la causa reeleccionista. Además, se cuenta con la obsecuencia de una gran prensa alimentada por los abundantes favores del príncipe.

Así que en los periódicos y en los noticieros nacionales de televisión nos repetirán que la campaña es pobre en ideas y que los contendores de Santos no han formulado propuestas serias. Y el público lo creerá porque esos mismos medios han mostrado celo en ocultar las ideas de los opositores, al tiempo que despliegan esfuerzos para exaltar al presidente candidato. A tanto se llega en esa línea sesgada que, sin rubor, se presenta la polarización de la campaña y de los electores como si pensar distinto al Gobierno fuera conducta antisocial, cuando el elemento esencial de la democracia es poder mostrar inconformidad con los dictados del gobierno de turno. Un sistema en que discrepar del gobierno es considerado como lesivo del bien común es una dictadura.

Pese a todo este ambiente, el gobierno no las tiene todas consigo. Un presidente que, sin embargo de haber gozado del apoyo de más del noventa por ciento del Congreso, ante cualquier trino del expresidente Uribe se descontrola y sale de quicio, es un candidato frágil, muy frágil. Fragilidad que acentúa el que recurra al expresidente César Gaviria, como socorro de última hora, para que pronuncie discursos contumeliosos, a falta de razones para responder a los oponentes.Es la lógica de Santos: el Gobierno puede insultar a los disidentes y atribuirles lo que no piensan ni dicen.

Esta semana es de esperarse una especial arremetida del Gobierno, con todos sus instrumentos de poder, para obtener respaldos. Del acierto en el abuso de los atributos del mando dependerá su victoria. Si el pueblo vota sin interferencias directas o indirectas el resultado no debe favorecer a Santos. No en balde es el candidato con menos imagen favorable, sólo el 38,2%, y el que más desfavorabilidad despierta en el pueblo con un 56,2%, conforme a la encuestade Gallup Colombia que el viernes último publicara El Universal.

Es necio desconocer la influencia del Gobierno en un proceso electoral. Santos lo sabe y ha probado singular pericia para usarla sin escrúpulos. Todo puede suceder el próximo domingo.

h.hernandez@hernandezypereira.com   

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