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Columna

Trampas electorales

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En su famosa novela Trampa 22 (Catch 22), el escritor Joseph Heller plantea una situación absurda.

Durante la Segunda Guerra Mundial, para evitar ser asignados a misiones de guerra, los pilotos de combate podían solicitar un examen psicológico para demostrar que no cumplían con las condiciones de salud mental requeridas para tan peligrosas y complejas asignaciones. Sin embargo, el que un piloto solicitara un examen psicológico para determinar si era apto se convertía, para sus comandantes, en prueba suficiente de su claridad mental. Así que quienes solicitaban ser examinados para evitarlo tenían por seguro que serían enviados a combate.

Esa es la Trampa 22: una situación de la que uno querría escapar, pero que, por su misma estructura, el intento de eludirla termina atrapándolo más en ella.

Este domingo 25 de mayo los colombianos nos enfrentamos a nuestra propia Trampa 22 electoral.

En las décadas de los veinte y treinta, los conflictos agrarios y obreros que venían acumulándose desde la Independencia y las guerras civiles comenzaron a bullir, poniendo en peligro el dominio político y económico de unas élites que gobernaban al país mediante prácticas institucionales extractivas y excluyentes heredadas de la Colonia. Esos conflictos explotaron en los años cuarenta, generando La Violencia y los gérmenes primitivos de las guerrillas, fruto de las organizaciones de autodefensa campesina, y del paramilitarismo, fruto de la instrumentalización militar y policiva de civiles, por parte de las élites tradicionales.

El sistema político se cerró aún más con los acuerdos partidistas del Frente Nacional. Y este encerramiento, sumado a estrategias contrainsurgentes propias de la Guerra Fría, profundizó los conflictos preexistentes. En los años ochenta, las primeras llamas del narcotráfico se convirtieron en un incendio incontrolable que penetró y carcomió todos los rincones de nuestros conflictos centenarios. Para los noventa, terribles máquinas de guerra alimentadas por el narcotráfico se enfrentaban en una conflagración sistemática y silenciosa contra la sociedad.

Hoy, los representantes de aquellas mismas élites se nos presentan como dos campañas presidenciales divididas. Una propone finalizar el conflicto a través de la guerra, apelando, paradójicamente, al dolor que ella misma nos ha causado durante tantos años. La otra promueve la paz continuando con los diálogos, pero maneja las mismas prácticas clientelistas que, desde siempre, han propiciado la guerra.

Es una Trampa 22 perfecta.

*Director, Programa de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, UTBpabitbol@unitecnologica.edu.co

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