En su “metamorfosis”, Ovidio describe el famoso mito de Pigmalión, rey de Chipre. El buscó, inútilmente, la mujer ideal. Solo exigía que fuera perfecta. Después de un tiempo, convencido de lo estéril de su búsqueda aceptó frustrado su soltería y se dedicó a esculpir preciosas mujeres. La más hermosa y perfecta de todas sus esculturas, Galatea, fue su obsesión y se enamoró perdidamente de ella. Fue tal su deseo para que Galatea fuera real que la trataba como si fuera una mujer de verdad. Un buen día, tras despertar, encontró que su estatua se había convertido en mujer. Afrodita, conmovida por el deseo del rey, la transformó y le otorgó la reina perfecta.
El mito inspiró pinturas, esculturas, novelas, obras de teatro, opera y películas. Además ha servido para explicar en psicología y pedagogía el poder transformador de una persona sobre otra. Las expectativas de un docente sobre el desempeño de sus alumnos impactan en el resultado final. Así, si creemos que un alumno fracasará no deberíamos alarmarnos si finalmente fracasa.
Igual ocurre en lo laboral. El patrón tiene una imagen prediseñada de sus empleados y así los trata. Con frecuencia, el patrón o el maestro no se dan cuenta de que esa imagen, a veces inconsciente, es percibida por el empleado aunque no se la manifiesten explícitamente. Para bien o para mal, somos y hacemos lo que los demás esperan que seamos y hagamos. Una profecía autocumplida es una expectativa que motiva a actuar en consonancia con ella para volverla cierta.Y esto ha sido demostrado en múltiples estudios. Menciono una como ejemplo: luego de hacer pruebas de inteligencia a un salón de clases se escogió, al azar, a la mitad de los estudiantes. Se les dijo a los profesores que ese grupo era brillante. Al final del curso hubo un mayor progreso en la mitad escogida al azar. Así, si los profesores consideran a sus alumnos más inteligentes estos rinden más.
Un efecto Pigmalión negativo afectó a Cartagena por siglos. Todos hemos hablado del ya mítico cuento del balde de cangrejos depredadores que no permiten que ninguno progrese ni salga del balde, de la inveterada corrupción de nuestros políticos, de la obtusa visión de nuestros líderes, caterva de vencejos y, claro, eso es lo que hemos tenido.
En adelante confiaré en nuestros dirigentes, en que nuestro alcalde en un año dejará plasmado el croquis que su sucesor, junto con nuestros concejales y nuestra emprendedora clase dirigente, ejecutarán para hacer la Cartagena perfecta. Salud oportuna, educación de calidad, turismo agradecido, parques, marinas y vías.
Les deseo un feliz 2015 y que entre todos generemos ese cambio para esperar grandeza de nuestros excelentes líderes y políticos para que Cartagena deje de estar en el fondo del balde.*Profesor Universidad de Cartagena
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