comscore
Compartir

Si de algo le ha servido al archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina el fallo de La Haya que nos quitó 75 mil Km2 de mar es haber llamado la atención nacional sobre esta particular esquina de nuestro Caribe insular.Las medidas del Gobierno para frenar los efectos negativos del fallo son un abono en pequeñas cuotas a viejas deudas con este territorio con poco desarrollo en salud, educación y saneamiento básico.Según sus habitantes, las políticas públicas frente a las islas han sido infortunadas por inconsultas y porque ignoran su contexto: la cultura raizal y, con ella, la lengua creole, la música, la religión, su relación con el mar, la arquitectura y sus modos de vida.En 1912, una ley para “reafirmar la soberanía nacional” ordenó enviar una misión católica que se encargó de las escuelas públicas y ofreció pasajes gratis a continentales para poblar el archipiélago. Era el miedo a la diferencia: “Nuestra religión, nuestro idioma, nuestras costumbres serán las de ellos”, dijo un informe del inspector del Censo Nacional.Además de esta política de “colombianización”, la declaratoria de puerto libre en 1953 para “promover el desarrollo económico” aumentó la población, los conflictos sociales y culturales, la inseguridad y los desequilibrios ambientales.La Constitución de 1991 otorgó al archipiélago un régimen especial para “proteger la identidad cultural de las comunidades nativas y preservar el ambiente y los recursos naturales”. Esto, más el reconocimiento de la diversidad étnica y cultural de la Nación, las lenguas y la libertad de cultos, mejoró el panorama de las luchas raizales por sus derechos.Aunque buena parte del daño está hecho, la cultura – y sobre todo la música – ha sido un espacio de resistencia. Hoy se ven los frutos del tesón de los raizales por preservar lo propio.La reactivación del Green Moon Festival y la creación del Mercado Insular de Expresiones Culturales MINEC en 2012, el nacimiento del Providence Sunset Fest en 2013, la promoción de los artistas por la Cancillería, y el fomento a la industria musical por el Ministerio de Cultura y el SENA han hecho más visible la inmensa variedad y calidad de la música isleña.Desde los tiempos de The Rebels HB y Magical Beat, o de Creole en la última década, los continentales poco sabíamos de lo que se seguía cocinando, un platillo que hoy se revela con deliciosa diversidad: Coral Group, Caribbean New Style, Orange Hill, Job Saas & The Heartbeat, y más agrupaciones.Es el tiempo de la revolución cultural, canta Elkin Robinson, reivindicando la diversidad y sus derechos:We need our languageWe need our cultureIn a Creole vibration.*Investigadora del L+iD, UTB

COLUMNA EMPRESARIALTwitter @Ginaruzr

Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News