Lo que nadie imaginó es que una banda criminal autodenominada Clan Úsuga, que se creía debilitada, pudiera desafiar al gobierno e impactar a la población con un “paro armado”.
Paralizó carreteras y comercios durante tres días y dejó un saldo de 5 policías y un militar asesinados, así como numerosos heridos y vehículos incendiados, y sin duda atemorizaron a la población civil.
El fenómeno de las Bacrim (paramilitares) que hicieron su desafío y reaparición para reforzar la posición de Uribe contra la paz, muestra la precariedad de un Estado débil, que sigue en manos de mafias regionales que se alimentan de todo tipo de economías legales e ilegales.
Hay una disputa por retomarse los poderes locales y regionales (cooptación de agentes del Estado, financiación de campañas, obtención de contratos y participación en licitaciones).Hay el manejo del negocio del narcotráfico (rutas, laboratorios de procesamiento, entrada de insumos y cultivos), minería y refinerías ilegales, explotación ilegal maderera y tráfico de gasolina.La desmovilización de 32.000 paramilitares no significó el desmonte real de las estructuras de poder de las AUC, y siguen vigentes en las regiones y en los intereses de los políticos.
La manifestación de fuerza que intentó hacer esta estructura armada en varios departamentos de la Costa Caribe, en Chocó y Antioquia, busca demostrar su capacidad intimidatoria.
Las “Autodefensas Gaitanistas de Colombia”, “Urabeños” o “Clan Úsuga” se mueven en zonas donde las AUC tuvieron el control en el pasado, y parece que nunca desmontaron su poder.
A pesar de que estos grupos en sus nombres y en sus comunicados a la opinión pública han querido dar a entender que tienen una ideología política determinada, pero sus fines están encaminados a seguir siendo brazo armado de la ultraderecha.
Coinciden con la movilización promovida por la ultraderecha contra el proceso de paz y es preciso no tener memoria, ser el campeón fuera de concurso del cinismo y oportunismo, para olvidar los 8 años de corrupción y politiquería de los gobiernos de AUV.
Es categórico nuestro rechazo al paro armado, consideramos que esa expresión de violencia política armada del paramilitarismo se interpone entre los anhelos de paz y la necesidad imperiosa de alcanzar una política pública que elimine la violencia política en el país.
Comerciantes y transportadores amenazados, zonas vedadas, territorios sin Dios ni ley, esa es la reflexión del paro armado.
Cinismo, oportunismo, nostalgia del poder y compra de conciencias fue la marcha del 2 de abril de 2016 contra la paz, promovida por la ultraderecha que lidera el cuestionado expresidente AUV.
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