¿Es más competitivo un país que recibe y atrae más inversión extranjera directa (IED)? Un rotundo “sí” sería la respuesta del gobierno central y de gobiernos regionales. Argumentarían que la IED es una de las mejores formas de generar empleo, de jalonar industrias y de producir ingresos fiscales.
Dirían que los incentivos funcionan y que recibir estos capitales es una forma de transferir conocimiento y tecnología a los entornos locales. Se aduciría que la inflación es estable, que el crecimiento es mejor que el de los vecinos y que el desempleo se mantiene a raya. Acto seguido reforzarán la necesidad de tener agencias de promoción de inversión con nombres asociados a los territorios, como Procolombia o Probarranquilla, e incluso acompañados de extranjerismos como Invest in Cartagena o Invest in Bogotá.
Desde los años 60 se sabe que, en teoría, recibir IED es sinónimo de escaso desarrollo tecnológico propio, bajos salarios, condiciones laborales desfavorables y un consecuente bajo nivel de vida. Sucede que las empresas multinacionales (EMN) tienen la autonomía para seleccionar los sitios más convenientes para producir, los que coinciden con países que tienen un menor desarrollo y pocos competidores.
Ante la pregunta inicial, el sí parecería ser consenso, pues algunos analistas resaltan la salida del país de empresas multinacionales que han cerrado sus plantas. Al tiempo un grupo de políticos aprovecha para rechazar la gestión del gobierno de turno para precisar lo mal de las condiciones competitivas de país que han generado la salida de estas empresas.
¿Acaso debemos lamentar el retiro de compañías del país? No. Pensemos en ellas como la novia que nunca nos convino, que estuvo con nosotros por interés y no por amor, aunque en inversión no existe el amor. Incluso no existe el amor de madre, pues muchas empresas locales, con afán de rentabilidad, han decidido invertir en países como China para poner a nuestra disposición costosas marcas colombianas de bolsos, zapatos o muebles para el hogar.
Seremos más competitivos cuando nuestro capital humano sea capaz de generar nuevas tecnologías, nuevos procesos y nuevas ventajas competitivas; cuando el país sea un colocador de IED y no un receptor. Entretanto, debemos ver la IED como una herramienta que debemos usar con el cuidado de un cirujano para evitar lesionar la economía y la población local. La buena IED es aquella que ayuda a romper monopolios nacionales, a generar empleo, diversificar las exportaciones y crear clusters con capital y conocimiento nacional.*Director, Maestría en Negocios Internacionales e Integración, UTB
COLUMNA EMPRESARIALLUIS MIGUEL BOLÍVAR*lbolivar@unitecnologica.edu.co
