Cuando culminen las negociaciones entre el gobierno y las Farc (y que ojalá se desarrollen con el Eln), se nos abrirá a todos los ciudadanos colombianos la oportunidad de unos verdaderos diálogos de paz.
Yo creo que debemos asumir ese gran reto; detener un poco, por algunos momentos, el ciego frenesí de nuestra vida corriente, para escucharnos, dialogar, intentar comprendernos y construir entre todos unos acuerdos básicos sobre la sociedad que en realidad queremos.
Lo primero que hoy nos exige la historia que narrarán nuestras generaciones futuras es que participemos consciente y reflexivamente en el ejercicio ciudadano de refrendación de los acuerdos de paz suscritos con las Farc.
¿Cuántos de quienes aprueban o se oponen a esos acuerdos los leyeron bien y se han atrevido a conversar ampliamente sobre sus contenidos concretos con personas de diversas posturas y opiniones?
Tenemos que recordar –como muy bien lo saben los políticos y los medios que nos manipulan a su antojo– que los seres humanos tenemos un complicado defecto de fábrica: primero decidimos en qué queremos creer y luego descartamos de nuestra mirada y atención todo aquello que pueda revelarnos que estamos, en alguna o gran medida, equivocados.
Así somos. Pero también somos seres que, si así lo decidimos, podemos encarnar la mayor aspiración y el principal reto de una sociedad democrática: una ciudadanía reflexiva.
Hace ya varios meses que la Universidad Tecnológica de Bolívar viene conduciendo, desde las más alejadas veredas de los Montes de María hasta las salas de juntas de las grandes empresas, ejercicios de lectura deliberativa de los acuerdos de La Habana. La idea no es vender o comprar dichos acuerdos. Es solo leerlos y reflexionar sobre ellos colectivamente, para que cada quién adopte una posición personal debidamente razonada. Pero ahí no acaba nuestra responsabilidad como ciudadanos de una sociedad que busca construir un legado de paz para sus hijas e hijos, nietas y nietos. Hay toda una serie de temas que, como ciudadanos, aún tenemos pendientes para sostener un diálogo profundo.
¿Qué tipo de Estado se requiere para que nuestra sociedad pueda vivir en paz? ¿El actual? ¿Cuáles han sido y cuáles podrían ser unas más justas, sostenibles y eficientes concepciones de desarrollo? ¿Lo es nuestro modelo de desarrollo? ¿Cómo podemos reparar el vínculo de vida entre el mundo urbano y el mundo rural? ¿Conocemos el origen de nuestros alimentos?
Abramos verdaderas mesas ciudadanas para conversar la paz.
