El poder de la poesía es enorme, sirve para enamorar, alabar, herir y también para mamar gallo. A un sujeto muy pagado de sí mismo, quien hablaba con voz impostada y le gustaba caminar por las calles de una ciudad costeña con aire mayestático, alguien le compuso un poema (he cambiado el nombre del personaje): Juan Pardave el orondo / que a los tontos alucina / parece casa de esquina / mucho frente y poco fondo. El hombre quedó liquidado y su altivez se fue para el carajo.
En Colombia, en la época del bipartidismo, era una quimera formar un partido independiente, al primero que se creó le hicieron estos versos: El partido independiente / Perdió sin querer el IN / Y se quedó dependiente. / Enseguida perdió el De / Y vino a quedar pendiente / Después en el mes de abril / Perdió el PEN y le quedó el diente / Ya tiene gastado el Di y se ha convertido en un ENTE / su origen principio y fin.
Dionisio Vélez Mendoza, poeta cartagenero de fino humor, hizo algunas composiciones poéticas llamadas Nominales, unas de ellas dicen: La lengua de Chepe es fina / la de Moncho peligrosa / la de Gabriel viperina y la de Goyo Espinosa (Gregorio Espinosa). Comieron con tanto exceso / Eduardo, el Goyo y José / que dejaron solo un hueso / Que yo con Andrés Rumie, y otro: En la vida no me atranco / Mas no alcanzo a comprender / Cómo al tiempo puede ser Lácides Moreno Blanco (escritor y gastrónomo cartagenero).
Claro que en esto de jugar con los nombres de las personas los maestros eran los bohemios bogotanos. Según Óscar Alarcón, en Bogotá hubo un acaudalado personaje conocido como el “Indio” Gutiérrez Nieto, quien construyó su casa en la Plaza de Bolívar (en donde está ahora el Palacio de Justicia). En ella, el ricachón puso su efigie mirando hacia el Capitolio. En vista de esto, parece ser que la estatua del Libertador fue volteada para que quedara también mirando hacia el Congreso. Este incidente dio pie para que se hicieran unos versos que se le atribuyen a Clímaco Soto Borda, que dicen: Bolívar con disimulo y sin faltarle el respeto / Le volteó tranquilo el culo al indio Gutiérrez Nieto. Gutiérrez protestó y entonces la rectificación, como siempre, fue peor: Bolívar con disipeto y sin faltarle el resmulo / decidió voltearle el nieto / al indio Gutiérrez culo.
En fin, una manera idónea de quitarle acritud y solemnidad a la vida, definida esta última por un chistoso como la estupidez vestida de frac, es con el humor y si esto se hace mediante versos es mucho mejor.
*Columnista
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