Esta frase lapidaria del padre Camilo Torres fue el soporte ideológico para justificar el abstencionismo y la violencia armada, no solo por el padre Camilo, sino por generaciones de colombianos que encontraban en las urnas el peor mecanismo para construir la nación colombiana.
Nuestra historia política está llena de ejemplos que comprobaron la frase del padre Camilo. Con la Constitución del 91, se abordó de forma tibia y según algunos era entendible; la clase política tradicional representaba en algunos constituyentes, no se haría un harakiri electoral. Quizás eso nos permita entender por qué a pesar de debatirse y aprobarse actos legislativos y leyes que modificaron el sistema electoral y se establecieron normas de bancadas de sillas vacías, de prohibir reemplazos, etc., aún usemos un “código electoral” del siglo pasado, sin voluntad política del Congreso para codificar y modernizar en una sola norma el régimen electoral y los procedimientos administrativos originados en este.
Y si por el país llueve, en Cartagena y Bolívar no escampa; las anécdotas del mundo “político” ante los constantes tongos son conocidas. Es notorio que no solo basta tener una organización política sólida, formación académica, ideales claros y vocación de servicio para ser elegido. Las cifras que se dicen que se manejan en las elecciones son escandalosas, pero parece que ya ni las chequeras garantizan salir electo, sin importar la corporación y el cargo.
La reciente captura de un concejal en ejercicio, de una delegada del Registrador Nacional, de miembros de la organización electoral y los fallos administrativos de nulidades electorales, hacen inferir que todo lo que se dice en los corrillos tiene asidero en la verdad. Estos hechos, sumados a otros que la ciudad conoce y padece, indican que algo grave pasa con nuestra democracia local. Pero las grandes inquietudes por estos hechos deben ser: ¿qué motiva a unos futuros servidores públicos correr semejante riesgo por obtener una credencial? ¿Qué tipo de calidad institucional tendremos con elegidos que acudan a la trampa y a la ilegalidad para elegirse?
¿Podemos aspirar a resolver los problemas de ciudad y región, si la forma para configurar el poder público está pervertida?
Estas son las inquietudes que debemos quienes aspiramos a que nuestra región y ciudad dejen atrás el fardo del atraso institucional y sirva el ordenamiento público para facilitar el desarrollo local y no por el contrario, ser el constructor del atraso y de la violencia.
Por lo pronto, esperamos que las autoridades actúen y como ciudadanos, no olvidar y cuando llegue el momento, sancionar con nuestro voto. Aunque sigamos con el riesgo de que el que el escruta, siga eligiendo.
**Abogado y profesor
*Rotaremos este espacio para mayor variedad de opiniones.
COLUMNA MÓVIL*
@fabioyezid