A los hospitales no deben llegar patologías que puedan resolverse en otro nivel de atención, como la que puede brindarse en el hogar, por ejemplo. En las salas de urgencias, malestares menores tienen preferencia en el momento en que las enfermeras hacen reportes a los médicos para que den el diagnóstico de cada caso. A veces los turnos son demorados en exceso y una amenaza de desmayo debe entrar a consulta después de una gripa, etc.
Ayer me di cuenta que el hospital donde fui en busca de ayuda estaba más enfermo que yo, y algunos de sus empleados, desahuciados. Mi caso no difiere del de otros, pero es una obligación divulgar lo que ya se convirtió en costumbre dentro del sistema de salud colombiano. De una consulta externa una otorrinolaringóloga me remitió a una urgencia. Un sentido del deber excepcional le indujo a establecer la gravedad de una infección nasal, con edema en el rostro que lo deformaba. Tú eres diabética y el riesgo es grave. El tratamiento debe ser intrahospitalario, dijo, con un tac para asegurarme de lo que he descubierto durante el examen visual. Haga su maletica y váyase pronto.
Al rato me vi en la sala de urgencias del Nuevo Hospital Bocagrande, esperando un demorado proceso que se inicia con dos enfermeras, una, tomando la presión, y otra, anotando datos. Mi presión estaba bien, pero omitieron la evidencia de mi rostro hinchado y la orden de la otorrino. Debía esperar porque, según ellas, había pacientes que estaban más urgidos de atención. A las dos horas me llamó una médica que hizo su evaluación. Ella misma estaba indignada porque no me habían dado prioridad. Usted debe hospitalizarse. Lo mismo opinó el otorrino de turno.
Establecieron el tratamiento y los días que estaría interna. Y allí comenzó lo peor. Me tocó esperar en una sala gélida con pacientes sentados en sillas Rimax mientras recibían tratamiento endovenoso. Igual suerte corrí yo, solo que mi líquido se agotó a la hora y me dejaron con la aguja en mi vena para cuando tuviera que recibir el tratamiento formal, que nunca fue ordenado, y llegué a la media noche con la mano adolorida, y decepcionada porque no encontraban cama para mí, que ya oficialmente aparecía como hospitalizada desde la tarde. Sabía que no iba a dormir durante toda la noche, sobre todo cuando informaron despectivamente que la historia clínica no aparecía.
Ese hospital está enfermo, y parte de su personal desahuciado. Su patología es grave y de condición humanitaria. No es apto para atención de más de cinco personas porque colapsa. No hay eficacia en su organización. En un momento pensé que ese sitio concebido para cuidar de la vida moriría, y con pánico firmé un acta para que me quitaran la aguja y me permitieran salir. Afuera respiré. Mi condición estaba empeorando, pero tuve unas ganas inmensas de no tener obligación de volver.
