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Los barrios son sectores comunitarios en los que se dividen las ciudades. Todos tienen una función habitacional, pero algunos poseen una identidad propia que les diferencia, ya sea por un estilo arquitectónico homogéneo, por las costumbres de sus habitantes y por sus años de existencia. Y estas son las características de Getsemaní en Cartagena de Indias.

Su origen se remonta al siglo XVI cuando se dio el asentamiento poblacional, ya que hasta entonces solo existían en sus terrenos el convento de San Francisco y el matadero público. Getsemaní, con el nombre entonces de Gimaní, fue creciendo por fuera del cordón amurallado del Centro, como un arrabal, pero luego fue amurallado también y se le construyó la famosa Puerta de la Media Luna, que era por donde se entraba a la ciudad.

En este barrio se gestó la independencia de la ciudad en el año de 1811. Pero hasta hace unos años su cultura popular no atraía a cartageneros de estratos medio y alto, hasta que visitantes extranjeros le posicionaron como el sitio más atractivo de Cartagena, impresionados por las ricas manifestaciones de los hábitos locales, los cabildos representativos de la memoria histórica, por su gente de temperamento festivo y hospitalario, por su historia, sus callecitas, sus viviendas coloniales, sus baluartes, sus plazas e iglesias centenarias.

Así fue  transformándose en un barrio de hostales, restaurantes, paredes intervenidas por el arte popular, sin que se propiciara una masiva gentrificación que expulsara a locales, hoy propietarios también de negocios. Sin embargo, lo que lo hace particular, es esa relación estrecha de sus moradores con los visitantes extranjeros de distintas clases sociales. Al foráneo no le perturban aquellos personajes particulares que son  herencia del barrio de antes, los callejeros, los sin techo que deambulan pacíficamente y las prostitutas que tuvieron sus burdeles en la calle remozada de La Media Luna y que ahora son lánguidas sombras de esquinas delirantes.

Getsemaní es un curioso universo de todas las condiciones humanas y sigue siendo como el poeta emblemático cartagenero, Pedro Blas Julio Romero, lo consideró de niño: donde empezaba y terminaba el mundo. En este barrio se mezcla el americano con el tendero, el mochilero con el ejecutivo, el sobrio con el ebrio, pero todo parece regido por una armonía providencial. Cuando se vive aquí, la vida adquiere una riqueza humana incalculable. En la calle Tripita y Media, por ejemplo, se asiste a un ritual de hábitos humanos que ayudan a comprender la existencia en todo sentido y variedad.

Por todo lo anterior, la revista norteamericana Forbes, cuya temática es la economía, incluye a Getsemaní, de Cartagena de Indias, entre los diez mejores barrios de distintos países y culturas. Getsemaní, para orgullo nuestro, es un barrio cool.

Errata: ayer publicamos esta columna con el texto equivocado, ofrecemos disculpas a la autora, a nuestros lectores y la publicamos correctamente ahora.

“Cuando se vive aquí, la vida adquiere una riqueza humana incalculable. En la calle Tripita y Media, por ejemplo, se asiste a un ritual de hábitos humanos que ayudan a comprender la existencia (...)”

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