Para muchos del mototaxismo la semaforización de la ciudad no tiene significación alguna y las cebras las han tomado para sus retornos. Han desplazado a los transeúntes en las aceras y tienen el descaro de pitar para que les cedan el paso. En el antiguo puente Heredia vimos el incidente de un mototaxista, quien al golpear a una dama, la sacó del andén y cayó en plena vía. Partió indiferente y varios de a pie ayudamos a levantarla.
El propósito de las rotondas, a las que también llaman glorietas, óvalos, redomas, o redondeles, en las construcciones viales, es el de facilitar el flujo de tráfico en las intersecciones entre carreteras y reducir el peligro de accidentes. En el casco urbano se diseñaron con ese fin, sin embargo, por las imprudencias del primer párrafo, y otras, entre las 15:00 y las 19:00, el desbarajuste es total en las más frecuentadas: entrada a La Esperanza y Castillo de San Felipe, ambas de la Pedro de Heredia.
Cuando se dan esas marañas se arma la mayor desobediencia a la excelente semaforización existente, incluso, se interrumpen las preferencias a Transcaribe, emergencias y patrullas. El otro cuento, el del carril exclusivo, que es invadido por carretilleros y ciclistas, exponiendo sus vidas y de paso obstaculizando la movilidad del transporte masivo.
Vaya usted a saber de las rotondas que no cumplen con especificaciones técnicas. En la cercana al Colombo Americano, con acceso a la “Venao” Flórez, siempre están los vehículos entrecruzados y en permanente caos. Allí cerca, Comfenalco esquina, hacia El Universitario y Sena, se satura al cambiar a rojo el semáforo de los Cuatro Vientos.
Escribir sobre la movilidad en la ciudad es llover sobre mojado, el más leve accidente de tránsito propicia trancones. Las normas de parqueo de vehículos particulares, sobre todo en calles de barrios por donde circula el transporte público como busetas, no se cumplen y generan caos y contratiempos.
A futuro no se ven nuevas arterias, las mismas de hace años. Para mal, los trancones tienen otros incentivos que afectan a la movilidad: mar de leva, época de temporadas, el constante crecimiento del parque automotor, parqueo indebido, convenciones y eventos varios que requieren restricciones de tráfico.
Es engorroso concientizar a carretilleros y mototaxistas. El problema se agudizó y ante la impotencia, toca denunciar estas anomalías para que alguien nos libere de este desconcierto. Tampoco se justifican los semaforizados del rebusque que, avisos en mano, detienen el transitar, ante las cebras y semáforos de Bazurto.
Salvemos a la ciudad de esta nueva contaminación, subámonos al transporte masivo, es más rápido y nos libera del incómodo parqueo.

