El espíritu empresarial tradicionalmente se ha enseñado desde una perspectiva de la administración, en la que el futuro es predecible y el mundo es lineal.
Pero el mundo de las empresas es un entorno bastante diferente, porque es generalmente incierto y requiere actitudes y habilidades blandas que van más allá del mero conocimiento técnico. Por tanto, en la realidad el espíritu empresarial es un proceso complejo, desordenado y no lineal.
No obstante, los cursos de emprendimiento que se imparten en el sistema educativo se han centrado tradicionalmente en el desarrollo de planes de negocios como una práctica planificada.
Y aún persisten algunos cursos que tratan al espíritu empresarial como un objetivo en vez de como un medio.
La educación empresarial debería alejarse de ese enfoque porque debería reflejar el proceso que un empresario atraviesa, el cual es turbulento e impredecible.
Además, estos cursos algunas veces se centran en sobre planificar los negocios y en dar demasiado crédito a pronósticos que supuestamente eliminan la incertidumbre del mundo, lo que puede desmotivar a los estudiantes y disuadirlos de intentar iniciar una empresa propia.
El espíritu empresarial es una ciencia inexacta porque es imprevisible respecto a normas previas y establecidas, pero a menudo se enseña como una ciencia exacta en la que todo se puede predecir.
Desde hace unos años se ha venido usando el pensamiento de diseño como herramienta para emprender e innovar. Esta forma de pensar, que se fundamenta en la capacidad creativa para descubrir y resolver problemas, nació de los diseñadores, artistas, y arquitectos. Ahora se está convirtiendo en la base de la educación empresarial y, en general, de la enseñanza de cualquier área de conocimiento.
Muchos estudiantes aprenden mejor cuando participan activamente; cuando en vez de limitarse a conceptos abstractos se les despierta su curiosidad; cuando exploran nuevas ideas y las experimentan. En educación empresarial es necesario un proceso de ensayo y error con intentos fallidos a la hora de hallar una solución. Es por eso por lo que una de las innovaciones recientes en educación ha sido introducir el pensamiento de diseño a los currículos.
El espíritu empresarial en la educación es un proceso complejo que se debe basar en desafíos reales. Por tanto, la fundamentación del pensamiento de diseño en la educación empresarial permite que los estudiantes resuelvan desafíos reales del entorno empresarial en que conviven y, a partir de allí, permite que inicien un proceso de llevar su idea de negocio de lo local a lo global.
Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la universidad ni a sus directivos.
*Director del Laboratorio de Creatividad e Innovación El Patio, UTB

