Por el equipaje dizque se conoce al pasajero. La elegancia de sus maletas debiera indicar la capacidad económica del dueño, pero hay potentados que usan desvencijados esperpentos. Casi siempre el espacio de los aviones no tiene proporciones adecuadas al volumen de las valijas. La bodega tampoco. El equipaje aporta sello personal. Algunos pretenden mantener unión permanente con el suyo, complicando más el área destinada a la circulación. Les importa un pito las molestias que causan a los demás. Se obsesionan con salir de primero. Además de evitar la posibilidad, por cierto, bastante frecuente, de que se les embolate una maleta. Se quiere reducir, y hasta acabar, la dependencia de los objetos que acompañan al viajero.
Pero abundan unos maletines ejecutivos donde guardan documentos y papeles de su oficio. Hay viajeros que no abandonan el computador portátil. Les da carácter, y en cualquier pausa, o sitio, aprovechan para trabajar en él, o aparentar que lo hacen.
En alguna ocasión en el Senado, Javier Cáceres contaba con gracia, como en Cartagena algunos plomeros y carpinteros usaban elegantes “samsonites”, con ínfulas gerenciales, cuando en ellos solo tenían martillos, llaves y destornilladores. El objeto era descrestar ingenuos. Ese afán de aparentar mayor importancia a la que se tiene, o de ser persona diferente a la que se es. “Meter mono” lo define nuestro léxico caribe. Otros cargan raquetas que no usan, o guitarras tristes que nadie toca.
En cambio, cuando viaja un campesino, suele llevar consigo exquisiteces de la culinaria aldeana. El queso, bollo, chorizos. En fin, los sabores insuperables que dominan su paladar. Es un gesto generoso para con paisanos y familiares que proyecta visitar. Esos manjares suelen ir fuera de la maleta. Van en grandes bolsas de almacenes de cadena, pero no faltan quienes los llevan enmaletados. Cuando son sometidos a requisa se observan latas usadas, llenas de dulces y conservas, o paquetes de comestibles revueltos con la ropa íntima del viajero. La Aduana colombiana está acostumbrada a ello. En el exterior las complicaciones no faltan.
En los viajes queremos comprar objetos inútiles a “precios de oportunidad”. Se traen maletas adicionales. Su peso resulta excesivo. Los regalos a familiares, y amigos dan sobrepeso al equipaje. Cargar el “maleterío” alarga los brazos, por el peso que maneja cada padre de familia. La solución práctica es comprar con antelación los regalos de viaje.
Ahora las líneas aéreas establecen nuevas restricciones en el peso y volumen de los equipajes. Algunos expertos estudian pago adicional a las personas que tenemos exceso de peso corporal. No nos inquieta mucho la decisión, porque con la mayoría de obesos que hay, se presentarán movimientos de protesta. Y “sanseacabó”.
