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“No llevar otro propósito más que el bien y la salud de los enfermos, me libraré de cometer voluntariamente faltas injuriosas o acciones corruptoras” Así reza el juramento de Hipócrates, y 2.500 años después tiene la mima vigencia. Por medio de una promesa, los profesionales de la salud se rinden a las obligaciones que determina el deber ético.

Aun y con todo lo que declara el juramento hipocrático, pareciera que no es suficiente. A consideración de personas y pacientes, se necesita más que un juramento. Con la arremetida de la voraz pandemia, también se ha desbordado la violencia contra la misión médica. Desde que esto comenzó, no dejamos de escuchar las anécdotas, que ya van más allá de una mala noche en un pasillo de hospital. El personal de la salud ha sido atacado, despreciado y mancillado por quien le ha dado la gana. Los usuarios del servicio de salud y ciudadanos en general se han atribuido el derecho de pedir más de lo que corresponde.

Por todos lados oímos de enfermeras agredidas con ácido, médicos insultados en los ascensores, personal administrativo de los hospitales han sido echados de sus urbanizaciones. Como decimos en la costa ¿En qué momento se volteó el cutarro? Si por allá en las primeras semanas de marzo se aplaudía a los “héroes”, ¿Cómo es que ahora se han convertido en villanos? Pues ni héroes ni villanos, somos seres humanos.

Para nadie es un secreto que la salud hace mucho está en crisis. Que antes de la Covid ya era difícil encontrar cama en las unidades de cuidados Intensivos, encontrar hilo para coser una herida en una urgencia, o como dice Juan Luis Guerra, en las clínicas quizás se usa el suero para endulzar el café.

Esto nos cogió con los calzones abajo. Los trabajadores de la salud no estábamos preparados para esto. Como no lo estuvimos nunca para la Ley 100 y a la que nos tocó amoldarnos. Es por eso que hago un llamado urgente a las autoridades pertinentes. Apremia el hacer seguimiento exhaustivo a las EPS, pues por culpa de su pésima gestión administrativa; los que damos la cara hemos salido mal parados ante todo esto.

Por otro lado, no es tan difícil hacer el ejercicio de comprender un poco a la gente del común. Esta enfermedad nos sorprendió a todos. Están mal informados, confundidos; eso se entiende. Hoy más que nunca hace falta mantener la calma. La misión médica no debería entrar en un plano de guerra con las personas. Esa lucha no debería darse. Ojalá con la paciencia y por supuesto el deber de hacerlo, traten de explicar, informar y orientar a los pacientes. Estar enfermo o perder a un familiar en este tiempo llena de pavor y por eso la humanización no puede perderse.

Ojalá todo esto pase pronto, y que, por fin los gobiernos den el valor que se merece la salud de las personas y quienes velan por ella. Ni héroes ni villanos, seres humanos.

Docente Universitario

alvaroquintana@gestores.com

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