Así se llama la vía principal del sector Central, en el barrio Olaya Herrera, zona suroriental de Cartagena, la cual se parece a este país en que, desde hace más de treinta años, está inundada de física mierda, puesto que las redes del alcantarillado dejaron de funcionar con eficiencia; y no es necesario que caiga un torrencial aguacero para que, en cualquier momento, cinco manjoles se rebosen e inunden el universo con su pestilencia.
Los líderes comunales dicen haber instaurado cualquier cantidad de recursos para que las autoridades distritales erradiquen la molestia, pero los fallos pasan de una administración a otra, mientras la falta de un buen sistema de evacuación de aguas pluviales se confabula con el obsoleto alcantarillado y los residentes tienen que guardarse en sus casas, hasta que los ríos de excretas muestren unos cuantos tramos secos por donde saltar hacia la avenida Pedro Romero.
Al principio era únicamente la calle Colombia, pero ahora se le sumaron La Concepción y La Maravilla, con sus respectivos callejones, lo que significa que es casi todo el sector el que soporta los rebosamientos fecales, además del desbordamiento del canal Ricaurte en épocas del invierno, cuyas corrientes no encuentran otra manera de escabullirse que ocupando las calles del Central.
Repito: no es necesario que llueva. En los momentos menos insospechados los manjoles exteriorizan sus hediondas entrañas, que también suelen desparramarse a través de los inodoros y sifones de los baños, y sellan su repugnante presencia en enfermedades cutáneas, para la población infantil; y en irritaciones genitales, para la femenina.
A estas alturas, la sensibilidad olfativa de los habitantes parece haberse acostumbrado a las embestidas de la fetidez, pues en medio de cada inundación puede vérseles conversando en sus terrazas como si no hubiera un desfile de heces circulando ante sus narices, tal es la resignación que ha logrado sembrar en ellos la indiferencia distrital.
Pero los politiqueros de Cartagena son tan de buenas que cuando llegan al Central, en busca de votos, las calles están secas. No hay malos olores ni ningún producto de defecaciones rodando por el sector, lo cual les permite discursear de casa en casa y prometer, a boca llena, que lo primero que harán al asumir sus cargos será mandar ese problema para el carajo.
Y en ese son, las familias del Central llevan más de tres décadas viendo cómo el canal Ricaurte arrastra las inmundicias de la zona suroccidental, que, en medio de un chaparrón, las agrega a las deyecciones de los manjoles, como vomitando los embustes que les llevaron esos politiqueros que nunca más volverán.
*Escritor.
Te puede interesar: