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El cuento del gallo capón, que tuvo su origen en esa prodigiosa creatividad y capacidad narrativa del pueblo raso de Macondo, lo inmortalizó nuestro laureado con el premio Nobel de la literatura, Gabriel García Márquez, en su obra cumbre Cien años de soledad.

Traigo a colación el cuento del gallo capón, porque el mismo puede servirnos de metáfora a propósito del cuento de nunca acabar del dragado del Puerto de Barranquilla. En un remoto 1955, el mismo García Márquez, el cronista, publicó en El Espectador un prolijo y descarnado reportaje sobre la decadencia del primer puerto marítimo de Colombia construido en 1936, que le mereció a Barranquilla el calificativo de Puerta de Oro de Colombia que le atribuyó el entonces presidente de la República, Mariano Ospina Pérez, en 1946.

Afirma García Márquez en su reportaje titulado “Viacrucis de Bocas de ceniza” cómo después de ser el más prestigioso muelle de embarque y desembarque de mercancías y migrantes hacia 1893, ubicado además en la privilegiada esquina oceánica de América, ya para 1955 estaba reducido a una “plataforma de hierro y madera” que amenazaba ruina y alude a la “flamante e inservible draga de Barranquilla” como a “un montón de hierro viejo” inservible.

A lo largo de todos los años se registra con asombro que las dificultades de la operación y la operatividad misma del Puerto de Barranquilla están seriamente comprometidas por el bajo calado, el cual impide que arriben embarcaciones sin exponerse a terminar encalladas en los bancos de arena producto de los sedimentos que arrastra el río Magdalena hasta su desembocadura.

Esta calamitosa situación ha repercutido y de qué manera sobre el Puerto de Barranquilla, al punto que después de ser desde finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX el principal puerto marítimo de Colombia a ser de quinta, después del de Buenaventura, el de Tumaco, Santa Marta y Cartagena.

A lo largo de la última década han desfilado por allí un sinnúmero de dragas para la remoción de los sedimentos, tratando de garantizar y estabilizar un mínimo de calado, mediante el mantenimiento de la operatividad del canal de acceso al Puerto, sin lograrlo.

Constantemente, ante el inminente cierre del Puerto, se está recurriendo a la declaratoria de la urgencia manifiesta, de dudosa factura porque su recurrencia advierte la ausencia de hechos imprevisibles y sobrevinientes que las justifiquen, para contratar en volandas el dragado. Ello, con el fin de restablecer los niveles operativos y las condiciones de navegabilidad en el canal de acceso al Puerto.

*Miembro de Número de la ACCE.

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