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Columna

Hamilton, el musical

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¿Un musical de Broadway en hip-hop? me pregunté cuando en 2016 supe del impacto que Hamilton estaba teniendo en los EE. UU. y vi a Lin-Manuel Miranda en la portada de la revista Time.

A Lin-Manuel solo lo había visto en algunos episodios de la 6ª temporada de “House, M.D.” haciendo el papel de un rapero hispano mediocre, compañero de habitación de Dr. House en el sanatorio en que superaba su adicción al Vicodín.

Como músico estudiado confieso con vergüenza que siempre había visto al rap y al hip-hop como géneros “menores”, hasta que vi este musical en abril de 2019. Entré con mucha ilusión por las noticias que había leído, pero con la preocupación de que al cabo de 10 minutos terminaría fastidiado de tanto rap. Y no podía perder de vista que el género ha estado rodeado de historias de cárcel, armas, drogas y homicidios.

Pues bien, no solo quedé enganchado desde las primeras notas, sino que al final de las 2 horas y 45 minutos que dura el musical quedé con ganas de más, y a la salida del teatro compré el libro “Hamilton: The Revolution” en el que Lin-Manuel narra las historias detrás de cada canción, y el álbum de 2 CD con el musical completo. Es impresionante la manera en que se narra cada historia, se entretejen los motivos musicales entre una canción y otra, y se crean contrastes entre las canciones de los diferentes personajes, siendo la más “delirante” la compuesta para el rey George III que se sale completamente del canon del hip-hop y entra a los terrenos de Los Beatles. Y todo eso fruto de la genialidad de Lin-Manuel a quien Oskar Eustis, director artístico del Public Theater de NY donde se estrenó “Hamilton”, ha comparado con Shakespeare: “Lo que Lin-Manuel hizo es exactamente lo que Shakespeare haría. Tomó el lenguaje del pueblo, que Shakespeare elevó al pentámetro yámbico, y lo elevó al hip-hop y al rap, y lo ennobleció convirtiéndolo en verso y poniéndolo en el centro del escenario”.

En “Hamilton: The Revolution” Lin-Manuel hace referencia a diferentes exponentes del hip-hop de quienes tomó material para incluir en su musical a manera de homenaje, lo que me llevó a ver sus vídeos y escuchar sus canciones, y a respetar lo que estos señores hicieron en ese género. No perdí de vista la realidad que los rodeaba, pero pude ver más allá y conocer la genialidad de estos artistas de gueto. Su arte es fuerte y muy vivo, y llega de frente al pueblo.

Entonces ante la pregunta “si la buena literatura podía transformarse en champeta” (“Don Tuvo, un Aureliano”, Orlando José Oliveros Acosta, El Universal sept.11/19), la respuesta es sí, pero tiene que aparecer un genio de la talla de Lin-Manuel Miranda que logre ese matrimonio.

“(...) No perdí de vista la realidad que los rodeaba, pero pude ver más allá y conocer la genialidad de estos artistas de gueto. Su arte es (...)”.

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