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Columna

Elogio a la facilidad

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Tomo prestado el título del célebre ensayo de Estanislao Zuleta y lo cambió un poco, para que me sirva como reflexión frente a lo que considero uno de los dramas más tristes de nuestra sociedad y un drama que pagamos con nuestros recursos, que nos desangra económicamente y nos mantiene en una situación estéril de desarrollo y cambio.

Colombia tiene uno de los peores sistemas educativos del mundo, es un sistema al que no se accede con facilidad, es costoso y castiga a las clases medias pero sobre todo marginaliza a la gran mayoría de Colombianos.

Es absurdo que los Colombianos y Colombianas paguemos la enorme cantidad de impuestos que pagamos, en los negocios se paga una tasa efectiva del 71.9% y son las PYMES que no tienen conocimiento tributario las que terminan pagando los platos de rotos de un sistema caótico, al mismo tiempo las grandes clases medias (el motor del país) tienen que recurrir a la educación privada porque la educación pública básica y primaria no nos da confianza, y con toda la razón.

Pero pensemos lo que sucede con la Universidad Nacional, la universidad más importante del país, y la universidad que con sus 9 sedes es uno de los motores más serios de movilidad social y de la modernización del país. En los últimos dos años se presentaron 240.484 jóvenes de los cuales solo se les dió cupo a 34 mil, menos del 20%. Miles de jóvenes se quedan por fuera del sistema público de calidad porque no les podemos dar cupos, no les podemos dar cupos porque no hay plata, porque para aumentar los cupos necesitamos inyectar de recursos el sistema público universitario.

Si lo analizamos en términos de retorno económico y social, la Universidad Nacional es la organización más eficaz del Estado. Y es una institución que constantemente pide recursos que el Estado le niega.

En Colombia para 2019 según datos del MEN teníamos 4’ 228 704 de Colombianos entre los 17-21 años, de ese porcentaje menos del 3% entró a la educación pública de calidad. Y me pregunto ¿qué habrá pasado con ese otro 97 %?.

Nos debería dar vergüenza como país, decirle a las centenas de miles de jóvenes que no hay plata para su educación, que deben pagar o endeudarse a los 18 años para poder estudiar.

A esto debemos sumar la fuga de cerebros, en un país donde las personas con educación superior alta, no son valoradas, y nuestros sistemas productivos no logran involucrar a esos profesionales en sus compañías, casi en ningún campo. Así la gente en Colombia con educación superior se queda en el país solo por amor, por nada más.

Una carencia total de una política estatal de educación y una interpretación errática de las políticas educativas en los últimos 10 años nos deben hacer pensar que no estamos haciendo la tarea. Nuestra política estatal debería ser una política de la facilidad* una política que facilite el acceso. Volvamos al título de esta Columna, un “Elogio a la facilidad”; ojalá para las miles de personas jóvenes (mujeres y hombres) que sueñan cambiar su vida, las de sus familias y la sociedad...nuestra respuesta fuera la facilidad, facilidad para estudiar, facilidad para vivir en paz y facilidad para hacer de este país un lugar para ser mejor y para vivir mejor.

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