Los coches tirados por caballos son un gran atractivo en las grandes ciudades en el mundo, donde el usuario o el turista se transportan en el tiempo. El buen uso de este encanto está más que consolidado en varias ciudades españolas en donde se tiene como una de sus grandes atracciones; tal es el caso de Sevilla, Ronda y varias más. Igual pasa en Viena, por ejemplo, como en Albertina Plazas. O en Londres, donde la realeza hace sus presentaciones en coches tirados por caballos. Y en Rusia, ciudades como Moscú, Al~manakh, Smolensk y así muchísimas otras ciudades encantadoras de ese país.
En el nuevo mundo, en New York, coches tirados por caballos enfrente del Hotel Plaza se cuentan como lugar de paso obligado. Y en Colombia, Cartagena de Indias o Palmira, en el Valle del Cauca, usan esta atracción por larga tradición, oficio que genera empleo y sustento a muchas familias y sirve para la cría de caballos especializados para esta labor.
Hoy quieren prohibir esta atracción desde el Senado de la República, donde se anunció la presentación de un proyecto de ley que prohibiría esta atracción fundamentados en la mala atención y cuidado de las bestias por parte de sus cocheros.
Esto me recuerda la historia del sofá, en la que el mal estaba en el mal uso del sofá y se resuelve el problema botándolo. Mal haría el Senado en aprobar una ley que ataca no solo al turismo de Cartagena y otras ciudades, sino a la generación de empleo y, en general, a la economía.
Y en Cartagena se propone que esta práctica sea reemplazada por coches eléctricos; o sea, carritos de golf con otras figuras, inventados en México, lo cual me parece una propuesta infantil.
Cierto es que los coches que circulan en Cartagena no cumplen con las especificaciones mínimas, pero es por culpa de la autoridad competente. Los caballos tienen que llenar ciertos requisitos, como alzada, razas de bestias para este tipo de tiro, sitios donde mantener a los animales en buenas condiciones de reposo y alimentación, veterinaria permanente para la salud de estos; igualmente, los carruajes deben tener especificaciones precisas en su diseño, peso, entre otros. Si fuere necesario, se ejercitaría esta práctica con dos caballos.
En cuanto a los cocheros, estos deben estar uniformados y con cursos de manejo tanto del caballar como de haberse recibido o diplomado como cochero y guía.
Teniendo estas consideraciones, el Senado no debería prohibir sino reglamentar esta actividad; y, basados en ello, los municipios deberían fijar los requisitos a partir de las normas establecidas para que los cocheros tramiten los permisos correspondientes, cumpliendo con las exigencias legales.
Si a eso se suma la conformación de empresas especializadas en el ramo, dando a los cocheros empleo digno, con todas las prestaciones, sería aún más apropiado.
