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En tiempos diferentes trabajaron conmigo en la corresponsalía de El Tiempo en Cartagena dos virtuosos de la fotografía: Bernardo Machado y Manuel Pedraza. Este, curioso, oportuno. Aquel, preciosista, bohemio, artista de la cámara. Por curioso, Pedraza advirtió, trabajando para El Universal, un suceso ante sus ojos y siguió la acción hasta cuando el episodio se convirtió en gran noticia: el suicidio de un hombre al que había seguido largo trecho, quien se quitó la vida con arma de fuego dentro del mar, frente a policías que trataban de convencerlo de no dispararse. La impactante secuencia gráfica le valió el Premio Nacional de Periodismo al avezado fotógrafo nativo del Valle del Cauca, hoy exitoso empresario.

Machado llegó desde Antioquia con su desmirriada figura del Quijote, barba larga y cola de caballo. Fumaba siempre y decía que tendría un cigarrillo en su boca hasta el último día de su vida. Que acabó esta semana en la habitación que mantuvo por más de 20 años en el legendario hotel Bellavista del barrio Marbella, que será arrasado para dar paso a altas torres de concreto, llevándose de paso uno de los lugares emblemáticos de la memoria de la ciudad que ya no es. Bernardo no aceptó la invitación de Enrique, dueño del hotel, de irse a un hogar para ancianos y se dejó morir, solo y rodeado de sus máquinas fotográficas.

Viví muchos momentos junto a Machado. Recuerdo nuestro viaje a Mompox para cubrir el rodaje de Crónica de una muerte anunciada, basada en la obra de Gabriel García Márquez, dirección de Francesco Rosi y elenco de lujo: Gian María Volonté, Irene Papas, Lucía Bosé, Rupert Everett, Anthony Delón, Ornella Muti. Las fotos tomadas por Bernardo eran joyas. Una de ellas mostraba una garza blanca bajando por el río sobre un manto de tarullas verdes en una tarde apacible. Como la plaza momposina donde se rodaría la escena en que los hermanos Vicario persiguen a Santiago Nasar hasta asesinarlo era muy pequeña, los productores construyeron una réplica mucho más grande a orillas del canal del Dique en Pasacaballos, y ahí Machado hizo otras fotos de gran factura estética.

Desafortunadamente esta escenografía fue desbaratada una vez se utilizó para la escena que quedó en la cinta, cuando debió mantenerse como atractivo turístico. Bernardo Machado se dedicó en los últimos años a intervenir sus fotos sobre Cartagena agregándoles colores y efectos adicionales hasta convertirlas en pequeñas obras de arte. Las exponía y vendía en la galería Libro Café de Eparquio Vega, en los bajos del baluarte de Santo Domingo del Centro Histórico.

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