Siempre que oigo a Francisco De Roux identifico la voz de un santo vivo, amado y amenazado por su compromiso indeclinable y valeroso con los pobres, la vida y la paz. Así lo sentí en su presentación del Informe final de la Comisión de la Verdad, la Reparación y no Repetición, al que fue convocado el mundo y cada uno de nosotros para escuchar la síntesis de las voces de más de 1.100 testimonios escogidos entre 28.562 entrevistados, y desentrañar la verdad del desastre humanitario de la guerra padecida, donde entre 1958 y 2019, se ejecutaron 4.237 masacres, la estrategia de terror resultante de la confrontación de los grupos armados.
Hablamos del conflicto que entre 1985 y 2018 dejó 450.664 víctimas. Pese a ello, envió a todas y todos un “mensaje de esperanza y futuro para nuestra nación vulnerada y rota, verdades incómodas que desafían nuestra dignidad”, y buscan detener la tragedia intolerable que afectó al 80% de civiles y la responsabilidad, según la Comisión, recae 45% en los paramilitares (205.028 víctimas), 27% en las guerrillas (122.813) y agentes del estado 12% (56.094).
Se manifestó el Papa, la ONU y otras personalidades; Duque, invitado, se fue de viaje; presentes el presidente electo Petro y la vicepresidenta Francia, él, entre aplausos, subió al escenario del abarrotado Teatro Jorge Eliécer Gaitán, habló y leyó las recomendaciones de los 9 comisionados, que durante más de 3 años sintieron en toda la geografía a las víctimas y los arrepentidos victimarios.
Antes, nuestro Francisco dijo: “Un cuerpo no puede sobrevivir con el corazón infartado en el Chocó, los brazos gangrenados en el Arauca, las piernas destruidas en Mapiripán, la cabeza cortada en El Salado, la vagina vulnerada en Tierra Alta, las cuencas de los ojos vacíos en el Cauca, el estómago reventado en Tumaco, las vértebras trituradas en el Guaviare, los hombres despedazados en el Urabá, el cuello degollado en el Catatumbo, el rostro quemado en Machuca, los pulmones perforados en Antioquía y el alma indígena arrasada en el Vaupés”
Esa violencia significó el desplazamiento forzado de entre 7,7 y 8,2 millones de hermanos(as), el despojo de sus tierras, el hambre en las ciudades donde se hacinan muchas víctimas. Ni que decir de las violaciones de los derechos humanos y del DIH, cometidos por los uniformados y políticos con el pecado social de los 6.400 falsos positivos.
El presidente Petro es su primera intervención después de aquel 19, expresó que las recomendaciones no pueden ser un espacio de extensión de la venganza, armas vueltas palabras. Tienen que ser usadas para la paz y la convivencia, la paz grande, integral, de una nueva era donde las armas no sean instrumento del conflicto y sinónimo de muerte. Cuando el conflicto es dialogado, la sociedad crece. Somos herederos de la violencia y tenemos que cortar los ciclos de la venganza y la retaliación. La violencia no está en nuestros genes. Nuestro gobierno podrá ser si convierte la verdad como el espacio de reconciliación”.
*Abogado ambientalista y comunicador.
