Resulta extraño del señor Gil Falcón, quien el pasado 26 de agosto por este medio publicó una columna con información inexacta e inconsulta, en la que expresa su repentina preocupación por la prestación del servicio educativo en Bolívar, pero demostró su escaso conocimiento sobre los pilares que sustentan la mejora de la calidad, por lo cual me veo en el deber de corregir, con la responsabilidad de hablar desde la verdad -esa que esperan los lectores- más allá de ideologías, creencias y opiniones del columnista.
Sin embargo, señor Gil, coincidimos en algo: es verdad, en Bolívar y en todo el país, nos encontramos frente a una emergencia educativa, pero no por falta de vigilancia, aseo o porque en algunos casos falle el PAE, que en el caso de este departamento se encuentran contratados y en funcionamiento desde el primer día del calendario escolar. Las razones de la emergencia son otras más importantes y de nefastas consecuencias para el futuro de las nuevas generaciones: la falta de maestros para cubrir todas las necesidades en Bolívar y la desaceleración del aprendizaje en los estudiantes, que en su mayoría no saben leer, esa es la realidad.
En Bolívar necesitamos del nombramiento de más de 156 maestros adicionales a la planta viabilizada para la Entidad Territorial Certificada, para cubrir los faltantes en cada una de las 226 instituciones educativas y en las 1.222 sedes activas, de los 44 municipios atendidos, una vez se realicen reubicaciones, traslados, procesos por abandono de cargo y requerimientos a los maestros que asumen un permiso sindical permanente, no contemplado en la Ley.
En la Secretaría de Educación departamental, continuaremos gestionando su aprobación ante el nuevo gobierno, ese del que todos los colombianos esperamos, sepa decidir desde el conocimiento de la ruralidad dispersa, el nulo acceso a tecnologías, la necesidad de crear residencias escolares en zonas que aún hoy son víctimas de un doloroso conflicto.
Mientras tanto, el Bolívar Primero y la cartera a mi cargo, adelanta la construcción de 15 megacolegios en Tiquisio, Norosí, Simití y Arenal en el sur de Bolívar y, en Clemencia y Villanueva, donde dichas comunidades llevan años anhelando esa inversión y hemos realizado 211 mejoramientos, la instalación de baterías sanitarias en 135 sedes educativas, 80% de ellas ubicadas en zonas rurales, mientras multiplicamos las sedes del SENA en Magangué y municipios del ZODES Loba, con una inversión que supera los $350.000 millones, lo cual resulta insuficiente frente a las necesidades acumuladas.
Dicho así, si vamos a hablar de emergencia educativa deberíamos abrazar en Colombia una misma causa: que los niños, niñas y jóvenes aprendan a leer, una competencia básica, que ha disminuido considerablemente luego de la pandemia.
Concluyo e insisto en que la invitación sigue siendo la misma: trabajar en equipo por la mejora de la educación en todas sus dimensiones, gestionar y avanzar en apuestas que nos unen, respetando las competencias y roles de cada uno de los actores del sector.
*Secretaria de Educación Departamental.
