No, no es por los tenis; a mi eso me pareció una oportuna cachetada al statu quo, casi como cuando el mundo se asombró al ver que un gran empresario aparecía en eventos de alto nivel en tenis y jeans. Y no por no ser Steve Jobs no se puede.
Es más por todos los mensajes enviados a casi un mes de gobierno y que han sido suficientes para uno darse cuenta que dibujan una filosofía de peace & love tan verde como las hectáreas que ahora proliferarán. Una filosofía tan romántica e idealista que en ocasiones me pregunto en serio si fue hecha por alguien tras un escritorio en Zúrich o Copenhague. Y entiendo que esa filosofía derrita corazones, porque es que es linda en sus propios tuétanos, como que ya la paz será total, que los policías nos ayudarán a cargar bultos o pintar nuestras casas, y que sacaremos a todo el mundo de la pobreza haciendo que la desigualdad centuria de este país acabe por fin. Pero me es inevitable no asemejarla a esos movimientos hippies europeos tan progresistas y románticos que, cuando el tiempo los decanta, se extinguen por su inefectividad, desgastados por su ingenua capacidad de responder a las realidades del año o del siglo en el que viven.
Para ser justos, creo que Petro ha enviado algunos mensajes tranquilizadores, como que se adhiere a las ideas económicas de Mariana Mazzucato (y que las repita casi que en cada discurso económico que da), que le haya callado la boca a Diosdado, que haya extraditado de entrada a un puñado de malandros, o que sus escuderos hayan salido a advertirle a los invasores de tierras que por las vías de hecho no es que es. Y eso, personalmente, me sosiega. Al menos un poquito.
La cosa se pone rosa ingenua es cuando uno oye que es que ya la Policía no tendrá espíritu militar sino humano y empezarán a cumplir funciones sociales. Eso suena hermoso. Súper vendedor. Porque es que ¡claro que la Policía debe ser humana! Están para servir. Ni más faltaba. Pero los que hemos estado en la milicia sabemos que la cultura y el sistema miliciano es el corazón de la soberanía porque es el que encausa las acciones de coraje, orgullo y disciplina; la condición para proteger a los ciudadanos de los pillos que pululan en cada rincón de esta geografía. Jamás un civil podría llegar a eso. Jamás. Tal vez en Copenhague o Zúrich aplique este modelo tan progresista, pero aquí no. Aquí hay unos 27 asesinatos por cada 100 mil habitantes, en Suiza hay 0.54. No en vano los pillos ya comenzaron a abrirle la boca al presidente para suministrarle sendas dosis de amarga realidad.
Se pone rosa ingenua cuando uno escucha el exagerado discurso ambientalista, el cual parece salido del naturismo fanático. Como lo puso el exviceministro Iván Martínez en un gran post: “Colombia no tiene que asumir de una manera auto flagelante la limpieza de un planeta que no contaminó, ni contamina. Somos un país carbono neutro, pues no hemos arrasado con todos nuestros bosques y selvas como sí lo han hecho otros países que hoy se rasgan las vestiduras con el ‘cambio climático’. Colombia antes que preocuparse por el cambio climático se debe preocupar por el hambre y las pésimas condiciones de vida de su pueblo.” Es incomprensible que ahora entonces buena parte de la política de estado tenga que entrar a resolver un problema mundial al que muy poco hemos contribuido. Eso dejémoselo a las potencias; Petro no puede ponerse de CEO mundial de esa cartera porque es que aquí en su propia casa todavía hay demasiadas grietas por resanar.
Se pone rosa ingenua cuando se deja de bombardear a los terroristas y se le indica a las FFMM que no se debe combatir al que cultiva coca. Mientras sea ilegal, hay que hacerlo porque si no, volveremos a ser un narco estado.
Se pone rosa ingenua cuando Petro habla de minería y dice que es que ahora, en vez de carbón y petróleo, hay que buscar litio, más cobre, cobaldo y otros. Ya saltaron los expertos en el tema diciendo que eso es improvisación pura porque la transición no se puede hacer matando la gallina de los huevos de oro (poniéndole impuestos al sector que da los recursos fiscales); ingenuidad pura. Además, el gobierno quiere transición pero por el otro lado subsidia combustibles.
Se pone rosa ingenua cuando uno ve que la tributaria va a matar a las startups haciendo que los accionistas paguemos sobre el patrimonio líquido; es decir, deberemos pagar aunque nuestras empresas no den un peso. Y entonces uno ve al director de la Dian explicando en Twitter, por medio de cifras ilógicas, la razón por la cual la tributaria no afecta al emprendimiento. ¿Qué pasó? Inmediatamente los grandes emprendedores del país le cayeron encima por su evidente desconocimiento de la realidad que viven estas empresas en su relación con inversionistas. Para ver ese gran hilo de tuits, ir aquí: https://bit.ly/3wVRV5O
Se pone rosa ingenua cuando oímos hablar a una ministra del decrecimiento y luego al mismísimo presidente tuitear para ilustrar a la ciudadanía alrededor de este concepto, lo que manda el inequívoco mensaje de que está de acuerdo con esa forma de ver el mundo. ¿Y cuál es esa forma? Pues dejo aquí 2 principios de esta teoría formulada por Serge Latouche:
1. Reconceptualizar. Adoptar una nueva visión del estilo y calidad de vida, a través de conceptos como suficiencia y simplicidad voluntaria –vivir mejor con menos-.
2. Reducir. Con respecto al cambio del estilo de vida consumista al estilo de vida sencilla y todas las implicaciones que esto conlleva.
¿Se te parece a Jesucristo?
En fin... creo que es suficiente para comprender que Petro y su corte hacen parte de un movimiento de ideas románticas ingenuas que parecen haber sido concebidas tras un computador del otro lado del charco, y no frente a la realidad de un país que sigue convulsionado después más de 200 años de guerras, lleno de pillos que se amparan en una justicia aguada que permite una impunidad cancerígena. Primero lo primero Mr. Petro. Primero el orden, la justicia, cero impunidad. Sí, con políticas que combatan la desigualdad y la diversidad, pero coherentes y aterrizadas con la inclemente realidad. Si quieres ensálzalas con todo el love que quieras, pero primero lo primero Mr. Petro. Ya después sí podremos ponernos la pañoleta del hippismo y soñar con Suiza.
