A raíz de una columna publicada el pasado día 27, en respuesta a la mía de 6 de diciembre titulada Protestas en China, en la que se me critica mi alegada visión negativa de China, este diario me permite contra-replicar al pastor Alonso Jaramillo Robles, autor de la crítica.
Más allá de las reflexiones que hace el pastor sobre cuál era el PIB de China en tiempo de los romanos (aplicar una magnitud creada en los años 30 al Imperio Romano es, cuando menos, peculiar) o de lo injusto de mis comentarios sobre la pésima gestión del COVID en China (cuando los países cierran de nuevo sus fronteras a los chinos porque ni sus vacunas, ni su política de cero COVID han funcionado), en lo que desearía centrarme es en el argumento que vertebra su crítica: mi “afirmación de que la libertad como él y los noratlánticos la conciben es el rasero de todas las culturas y civilizaciones”, lo que para el pastor es un “prejuicio derivado de la arrogancia demoliberal”.
Sí, lo reconozco: soy un arrogante demoliberal. Creo en la libertad como valor supremo. Creo en la libertad como guía de cualquier vida que merezca la pena ser vivida. Creo en la libertad entendida como defensa de la esfera privada del individuo. Y creo en este concepto de libertad (y no tanto en el de la libertad como mera participación política, más propio de los clásicos griegos o de Rousseau, que veo como instrumento, como herramienta útil para la protección de la libertad personal, pero no como fin en sí mismo) porque, como buen noratlántico (como lo son todos los colombianos) he heredado este concepto de escuelas como la estoica, cuyas enseñanzas nos llegaron merced al Cristianismo y, en particular, merced a la Iglesia. Tristemente, el pastor, que supongo cristiano, no parece haber recibido formación en este particular.
Creo en la libertad como creían los miles de chinos que fueron asesinados en Tiananmén, creo en la libertad como creen los jóvenes chinos que hace bien poco se manifestaban por sus derechos arrasados en Hong Kong, creo en la libertad como creen los millones de hombres y mujeres chinos que esperan valientes y audaces la quizá pronta invasión de Taiwan, creo en la libertad como creía el Premio Nobel de la Paz chino Liu Xiabo, que murió preso. ¿Sabe usted quien no cree en la libertad, pastor? No cree el gobierno chino, que en el art. 1 de su Constitución dice textualmente que China es una dictadura.
Usted, sin embargo, no creo que defienda, como hace en su columna, al “Partido-Estado” sabiendo que ese concepto es totalitario, no creo que defienda un gobierno tiránico que esclaviza a sus ciudadanos sabiendo que así sucede. Porque usted no defiende a China. Usted defiende al gobierno chino. Cosa bien distinta.
Y eso solo puede ser fruto de la ignorancia o de la maldad. En función de su profesión, pastor, asumiré que es la ignorancia la que lo mueve.
*Universidad Autónoma de Barcelona.
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