En todos los periodos de la historia y en todas las culturas aparecen testimonios que acreditan la existencia de la envidia. Desde los manuscritos de Aristóteles en la antigua Grecia, textos de Jedidías también llamado “Salomón” Rey de Israel, hasta en los simposiums de Psicología y Psicoanálisis desarrollados en la actualidad, el tema ha sido objeto de análisis por académicos bajo una óptica interdisciplinaria.
Con esto en claro ¿Qué se entiende por el término envidia? y ¿Cómo ha sido abordado este fenómeno por la psicología (psicoanálisis) y la filosofía en especial?
El concepto de “envidia” procede del término latino “invidere”, que significa mirar con malos ojos a alguien. Es una emoción de carácter social y desagradable, que genera supresión individual.
Partiendo desde la óptica psicoanalítica, la envidia tiene una génesis en la figura del narcicismo primario infantil, tal como lo resalta la profesora Teresa Sánchez Sánchez de la Universidad Pontificia de Salamanca: “Durante la fase temprana de egocentrismo infantil, el niño incuba una fantasmagórica grandeza, una visión deformada de su excelencia, que por lo general el entorno lo alimenta embelesado por sus gracias y belleza”. Lo anterior, ligado a que el ser humano en medio de su desarrollo, va siendo sujeto y realiza comparaciones con otros, viendo en los demás como un polo ambivalente de atracción y hostilidad, generando de esta manera una especie de amenazada a su propia identidad.
En este sentido, la envidia termina siendo el producto del miedo a la pérdida de los propios contornos, los cuales exaltan y deforman en la mente de la persona las conquistas, logros y capacidades del otro. Por tal razón, el envidioso se encuentra frente a un déficit de identidad, lo cual conlleva a ver al otro como un obstáculo que impide perfeccionar su propia perfección como tal.
Desde la perspectiva filosófica, este fenómeno ha sido estudiado por diferentes pensadores entre los cuales podemos encontrar: Aristóteles, Thomas Hobbes y David Hume. Para el primero, la envidia era disociada en dos sentimientos diversos entre sí: la alegría por el mal ajeno y la tristeza por el bien ajeno; en Hobbes, es una figura ligada al estado de naturaleza de los hombres, en el cual el ser humano es egoísta, conflictivo. Finalmente, para Hume este fenómeno surge como producto de la comparación de la felicidad de las otras personas comparadas con la nuestra. En cambio, para el filósofo Fernando Savater, es una virtud democrática por excelencia.
Con base en lo anterior, ¿existe la envidia sana o buena? De acuerdo con los estudiosos del fenómeno esta no existe. La mal llamada “envidia buena”, no es más que admiración, la cual es utilizada como fuerza motivadora para impulsar la competitividad.
*Abogado litigante. Estudiante de maestría en filosofía del Centro
Universitario Duma (México) y columnista.
