Cuarenta y dos años después del Primer Foro del Caribe Colombiano, advertimos que el PIB per cápita regional permanece igual de rezagado con respecto al PIB nacional ante tantas oportunidades desaprovechadas para el desarrollo económico, mientras persisten carencias nutricionales y sociales combinadas con una gran debilidad de las finanzas territoriales. Sin embargo, lo cruel de nuestra condición Caribe es la injusticia social: en el 2020, más de la mitad de los caribeños estaba en condición de pobreza en medio de un mar de desigualdad e inequidad, con un coeficiente de Gini alrededor de 0,550*.
Para agravar la desesperanza, el desarrollo institucional de la región Caribe sigue siendo casi nulo, a pesar de la ilusión suscitada por los artículos 306 y 307 de la Constitución de 1991, que abrieron paso a la existencia de las Regiones Administrativas y de Planificación (RAP) y de las Regiones como entidades territoriales (RET) respectivamente. Ilusión que frustró la tardía Ley 1454 de 2011 o Ley orgánica de ordenamiento territorial, cuyo designio antirregionalista raya en lo inconstitucional. Aun así, la presión constante de hombres y mujeres que han luchado por convertir al Caribe Colombiano en una región autónoma, logró que se avanzara hacia el fortalecimiento de las RAP con la ley 1962 de 2019.
Ese logro fue desaprovechado por los gobernadores del Caribe quienes equivocadamente dejaron que la RAP se sumiera en una oscuridad en la que la luz del desarrollo regional no brillase por encima de los intereses departamentales, mas al final de su mandato “toman conciencia” y designan como director de la RAP a Amylkar Acosta Medina, uno de aquellos que luchan por un Caribe autónomo con sentido de país. Es un líder con peso propio, académicamente respetado en lo mineroenergético, que fortalecerá el papel de la región como bisagra entre lo nacional y lo departamental, para enfrentar proyectos como: el desarrollo integral de los Sures de Bolívar, Magdalena y Sucre, de la Mojana, de la Sierra Nevada de Santa Marta, de la Serranía del Perijá; el corredor turístico del Caribe, el tren del Caribe; la navegabilidad y transporte fluvial en el río Magdalena y el río Sinú; la identificación de inversiones, fuentes y gestión de la calidad del gasto en educación, salud, nutrición, agua potable; la orientación de las regalías de Cesar y La Guajira para disminuir la pobreza, etc.
En consecuencia, desde el Caribe acompañaremos la RAP con Amylkar Acosta al frente, sin esperar milagros, pero sabiendo que avanzaremos autónomamente en el desarrollo regional.
* Pobreza y desigualdad en la región Caribe colombiana ¿Cómo recuperar la senda del desarrollo sostenible? Fernando Herrera Araújo, Jairo Núñez Méndez, Manuel Camilo Quesada Jiménez, abril 2021. PNUD. Colombia.
