Los consumidores que hacen parte del contexto empresarial actual se caracterizan por estar ampliamente informados de los productos y servicios que deciden adquirir. Los desafíos que impone la evolución continua de esta demanda lleva a las organizaciones a la necesidad de generar un ambiente propicio para los procesos innovadores que les permitan posicionarse en su sector.
Un “sí” rotundo es la respuesta más frecuente de los gerentes cuando se les pregunta si la innovación hace parte de las empresas que dirigen. Es curioso, sin embargo, que en ellas los productos, procesos o métodos nuevos hayan estado ausentes en los últimos años. Pareciera que no todos son tan innovadores como piensan.
Para que la innovación no sea solo una expresión de moda, sino que penetre en el corazón de la cultura organizativa, es necesario plantear una mentalidad que busque el cambio y fomente nuevas perspectivas. Las ideas innovadoras pueden surgir desde cualquier parte de la organización, por lo que resulta clave que todos los cargos —altos, medios y operativos— estén en disposición para escuchar de los demás sugerencias y nuevas formas de hacer las cosas. Es tarea de la gerencia demostrar su apoyo a la innovación y recompensar esfuerzos creativos.
Suele pasar que los empleados en la primera línea tienen una visión muy valiosa de los desafíos, oportunidades y mejores formas de afrontar los problemas organizacionales. Por ello, los empleados que presentan nuevas ideas deben sentirse en un entorno seguro, aun cuando sus propuestas conlleven riesgos. La diversidad de pensamientos, creencias y experiencias, así como la inversión en el desarrollo de habilidades y conocimientos nuevos, pueden impulsar soluciones innovadoras.
La convergencia de ideas, visiones y enfoques se materializa al reunir a personas con habilidades, antecedentes y perspectivas heterogéneas. Fomentar la colaboración entre diferentes departamentos y crear oportunidades para la interacción informal abonan el terreno a ideas que vayan en línea con los problemas que se enfrentan. Estos ambientes forjan procesos de aprendizaje que se traducen, precisamente, en nuevos productos, servicios y procesos.
La exploración y explotación del potencial innovador en las organizaciones, no debe tomarse como un proceso espontáneo. Al ser una herramienta fundamental para la sobrevivencia empresarial, una cultura innovadora que promueva la colaboración, abierta a la experimentación y que adopte la tecnología como una aliada fundamental, es un elemento que no puede ser dejado al azar.
Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.
*Decano de la Escuela de Negocios, UTB.
