comscore
Compartir

Los Rodríguez eran una familia caraqueña acomodada con sus hijos yendo a colegio privado. La inseguridad y la delincuencia en Venezuela campeaban como un Napoleón victorioso. Una tarde llamaron a los Rodríguez a su casa, era el director del colegio para decirles que sus dos hijos habían sido secuestrados. Les explicó, entre gritos y nervios, que habiendo terminado las clases, se habían montado al bus y a mitad de camino los detuvieron; hombres armados como para la guerra se subieron al bus, los identificaron y los arrastraron hasta sus camionetas en medio del pánico de sus compañeros, y se los llevaron. Pidieron por su rescate dos veces altas sumas de dinero que la familia, tras enormes esfuerzos y perderlo todo, recogió y entregó con la esperanza de ver a sus hijos vivos y libres. Habían contactado a varios altos funcionarios militares y del gobierno implorando ayuda, pero con ellos todo era complicado, ineficiente y de compromisos vacíos que parecían reflejar mejor una especie de comodidad implícita con esos otros criminales, como si hubiera un acuerdo tácito entre criminales y autoridades. Por esas épocas, Chávez y Maduro controlaban todo cual emperadores romanos. El segundo intento de entregar a los inocentes chicos a su familia fue fallido por una pésima coordinación de la Policía que no supo responder, y mientras acribillaron al menor de los hijos ahí delante de todos, los criminales enfurecidos se volvieron a perder con el otro. Solo 2 años después los Rodríguez recuperaron el cuerpo del hijo mayor. Se quedaron sin hijos y sin plata y sobre todo, sin país.

La anterior historia puede ser un falso positivo, pero en Venezuela debieron suceder muchas historias similares, y quizá todavía. Y no solo en Venezuela. Como sabemos, Colombia vivió esto hace muchos años. Era la época de los secuestros indiscriminados que generó tanto dolor y trauma, asesinó tantos sueños y esperanzas, cercenó amores y sentidos de pertenencias, provocó nuestra propia diáspora, y arruinó cientos de hogares y empresas de todo tamaño.

La delincuencia viene subiendo, y aumenta la percepción de riesgo en el país como ya había aumentado, hace algunos años, en El Salvador, y que lo hizo, como ya lo fue Colombia, un estado fallido y un país invivible.

En una reciente noticia, la vicefiscal de Estados Unidos, Martha Mancera, dijo que querían quitarle las finanzas a los grupos criminales para debilitar sus estructuras que amenazan con captar territorio colombiano. Pareciera que la política de la paz total va justamente en contravía de esta posición. Deberíamos seguir el ejemplo de los que saben, y dejarnos de inventos peligrosos e inútiles, antes que la paz total se convierta en el falso positivo de un gobierno insensato.

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News