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Columna

Comunión de Amor

En la familia se fortalece el vínculo de unión promoviendo el desarrollo de cada uno en armonía con metas comunes, madurando las relaciones...”.

JUDITH ARAÚJO DE PANIZA

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Para contribuir con un mundo mejor necesitamos inspirarnos por el amor a desarrollar nuestra mejor versión, al servicio de los demás; así, además de la felicidad que produce la realización personal, la conjugamos con el gozo del apoyo mutuo, la unidad y complementariedad entre todos. Cuando lo logramos, nos sentimos fecundos individualmente y en equipo con los demás.

Esto se manifiesta en los diferentes ámbitos: primero, trabajando la unidad interior entre lo físico, mental, socioemocional y espiritual, todo confluyendo mediante las virtudes a la plenitud del ser. En la familia se fortalece el vínculo de unión promoviendo el desarrollo y cuidado de cada uno en armonía con las metas comunes, madurando las relaciones y profundizando la comunión de amor entre sus miembros.

En la empresa u organización se logra el bien de todos los involucrados: clientes, proveedores, colaboradores, accionistas y comunidad, cuando la gente trabaja con amor y entusiasmo desarrollando sus dones y talentos, contribuyendo con el propósito común, sincronizando los diferentes equipos, permitiendo que los procesos fluyan con sinergia y aportando excelentes productos y/o servicios a la sociedad.

Así también cuando se trabaja en las comunidades desde el bien y el amor, se logran grandes avances en los barrios, ciudades, países y en el mundo.

¿Cómo crecer en comunión de Amor? Buscando la fuente: el amor a Dios sobre todas las cosas y de ese amor derivar el amor a los demás. Dios es la comunidad de amor perfecta. Dios es la Santísima Trinidad: Padre-Hijo y Espíritu Santo. Sólo en comunión con Él, logramos la felicidad, la bienaventuranza, la plenitud, el bien mayor.

A veces no es tan sencillo, porque la vida está llena de paradojas como nos enseña Jesucristo. Vamos a encontrar contradicciones y desafíos internos y externos, requerimos de pequeños y grandes sacrificios por amor, para que, sin temor, con plena confianza en nuestro Dios, seamos capaces desde nuestra libertad, entregarnos y servir a su voluntad divina. Requerimos no ser ruedas sueltas, sino que, integrados a la comunión con Él y los demás en su Iglesia, participemos activamente y trabajemos en la construcción de un mundo mejor.

Con Él como Padre, socio, amigo, hermano, aceptado desde la profundidad del corazón con amor, unidos a la cruz de Cristo y guiados por el Espíritu Santo, todo confluye al bien y fructifica; así sea que a la persona le corresponda entregar su vida en el martirio, o la entregue en el día a día de su vida, viviremos también el gozo, la paz, el amor en medio de todas las realidades que enfrentemos, y seremos útiles para su plan de salvación.

“Oh Trinidad, a quien adoro, ayúdanos a vivir en tu plenitud de comunión de Amor”.

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