Ejerciendo como en otras ocasiones de corresponsal oficioso de El Universal en Europa, hoy me gustaría hablarles de las elecciones al Parlamento Europeo que se celebrarán el próximo domingo 9 de junio. La Unión Europea (UE) es un sujeto de Derecho bastante peculiar, a medio camino entre la organización internacional y el Estado federal, que tiene una serie de instituciones políticas muy similares (salvando las distancias) a las de cualquier Estado nacional, entre ellas el Parlamento Europeo. Este parlamento se forma por unos 700 eurodiputados elegidos por los ciudadanos de los países miembros de la UE, del mismo modo que puede ser elegido el Congreso de Colombia o el de Estados Unidos. El Parlamento Europeo, de forma algo complicada, aprueba leyes que son obligatorias en todo el territorio de la UE, regulando entre el 60% y 80% de todas las materias regulables.
Además, también de forma algo liosa, el Parlamento Europeo elige a la Comisión Europea que, más o menos, es el Gobierno de la Unión Europea. Es todo un poco raro, pero, en fin, así funciona Europa. Se podrán ustedes imaginar lo importante de las instituciones de las que hablamos y de lo relevante de las elecciones del próximo 9 de junio. El caso es que, por primera vez, uno de los dos grandes partidos europeos tradicionales, el Partido Popular Europeo (de centro-derecha) en voz de la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que es de este partido, ha aceptado la posibilidad de pactar, después de las elecciones y en función de las circunstancias, con la extrema-derecha europea personificada en el partido de la actual Primera Ministra de Italia, Giorgia Meloni.
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Y dirán ustedes: muy bien, ¿y qué? Pues que, cuando en una frase metes la palabra extrema-derecha, es difícil que algo salga bien. Según dicen los defensores de esta posible alianza, hay una parte de la extrema-derecha europea que ya se ha civilizado lo suficiente para hablar con ella; o sea que, aunque siguen diciendo que a los inmigrantes hay que hundirlos en el mar conforme se acercan a territorio europeo, ya no ponen en duda la futura existencia de la UE. Magnífico, así tendremos una hermosa Europa orgullo de aquel señor alemán con bigote.
Sigan atentos a las noticias, porque quizá Europa se meta en uno de los caminos más peligrosos que puede andar. Nunca hay que olvidar esto: los europeos somos gente muy agradable hasta que dejamos de serlo. Y, cuando dejamos de serlo, lo hacemos a lo grande.