Columna

Y de los líderes...

“No puede ser un país serio si los privilegiados escogen ser líderes solamente por sobresalir, como si la única...”.

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Santiago Noero
04 JUL 2024 - 11:15 PM

Así como durante décadas les inculcaron a las niñas la aspiración de ser reinas, en la parte privilegiada de la sociedad, también a los jóvenes se les hacía entender que el camino del éxito pasaba por ser líderes. No existía en esas mentes algo diferente a aspirar ser jefes, con la premisa enseñada de levantarse temprano, lisonjear y ser despiadados, decididos y déspotas.

Qué gran cosa ser líder cuando todo funciona según tu voluntad: tienes una tranquila elación: algo que te hace pensar que el futuro se puede plegar a ti, que tienes la seguridad de no volver a estar amenazado, que has encontrado un mecanismo de supervivencia para evadir la muerte. Pero las cosas fallan y vuelves al estado natural del ser humano primitivo, el de las sabanas de África, que voltea la cabeza rápido (no es paranoia) antes de que el acecho sea real. Pero este hombre nómada también goza con cosas menores y las encuentra esenciales para sobrevivir.

Hay gente que nunca se pregunta si valió la pena imaginarse protegido ni se imagina cómo son las cosas menores: son los predestinados, los dirigentes obcecados por ser unos jodidos, empeñados en mandar por mandar para mantenerse lejos de los gregarios, lejos del fracaso, lejos de la muerte. Nunca se preocupan por la base de lo que venden, idean o manejan, no son orgullosos ni apasionados de lo que crean, no han sido parte de ella y, mientras más por encima se mantengan, mejores dirigentes son. Con muy poca capacidad de introspección, sospechan de sus subalternos y maldicen a la competencia: siempre es otro el que tiene la culpa.

He visto la displicencia ante los detalles, desdén por curiosidad; el mercantilismo prepotente que denigra de los dibujos, los programas, los inventos mínimos, los análisis de detalles y tendencias secundarias, la categorización, la ponderación de signos y símbolos: todo eso es nimiedad. Es como si Musk y Gates fueran de otro planeta, como si su pasión por la creatividad y los inventos solamente fueran válidas lejos de este platanal. No puede ser un país serio si los privilegiados escogen ser líderes solamente por sobresalir, como si la única manera de sentirse atractivo (o apreciado) es la de ser el que manda. Al final, el líder que criamos en estas tierras termina siendo un gregario que carga con las ideas de los rebaños, de las revistas sensibleras y de las películas de vaqueros.

Tuvo que haber sido muy duro para GGM atormentar incesantemente a uno de sus más encantadores personajes, Jose Arcadio Buendía, quien termino amarrado a un castaño por ser un líder fantasioso y creativo y hablar en latín (hoc est simplicisimum). En contraste, la muy vernácula Úrsula Iguarán, mercantilista, pragmática y supersticiosa, prosperaba como por casualidad. Siempre he creído que es por eso que terminamos en una condena.

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