Sí, soy una costeña blanca... más que blanca, casi transparente, hasta el punto de que algún personaje amoroso ingenieril (que se leerá aquí) me dijo alguna vez: “Tienes el cableado por fuera”, refiriéndose a que veía mis venas a través de la piel.
Sin embargo, originalmente tengo el pelo tan crespo (mejor dicho, “cuj cuj” o rucho), que de adolescente usé el hoy muy popular afro, como muchísimas mujeres de mi región; eso me lleva a imaginar que, de pronto, pese a lo blanca transparente que me veo, tengo ancestros africanos, probablemente esclavizados llegados a nuestro continente, y ¡qué orgullo me produce pensarme así! De pronto de ahí viene mi gusto por los colores vivos e intensos, mi amor por la música caribe y mi disfrute de una buena bailada… Y tal vez de allí provenga también mi espíritu guerrero.
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Yo siento que soy cartagenera desde la médula (aunque por mis venas corra sangre chiquinquireña, sincelejana, y vaya uno a saber de dónde más), y mi mujer ancestral me dice: usa tus dones para ponerlos al servicio de las mujeres costeñas, para contribuir a que se sientan valientes, seguras y abrazadas para seguir creciendo y conquistando todos los espacios donde ellas quieran estar.
Desde mi perspectiva, no se trata de disputar el poder, ni de robar espacios, ni generar controversias con los líderes hombres, es un reto que se nos plantea para crear conversaciones donde estemos todos y construir una nueva realidad territorial donde todos tengamos cabida e igualdad de oportunidades. Eso no es algo que sea responsabilidad de unas u otros; el reto es lograr que todos veamos como una causa común el llegar a acuerdos donde las capacidades de todos sean valoradas e integradas en favor de construir nuevas capacidades individuales y sociales.
Mi llamado es a aquellas mujeres costeñas que ya han logrado posiciones de liderazgo, visibilidad, crear sus plataformas, para que tomen de la mano a todas las que estén a su alrededor y que temen cruzar esa puerta, pero que sin duda pueden y quieren marcar una gran diferencia en nuestra realidad cotidiana. ¡Es más fácil dar ese paso si estamos acompañadas!
Soy cartagenera, profundamente enamorada de mi ciudad, pero igualmente comprometida con impulsarla desde el lugar que yo ocupe, a dar los pasos que se necesitan para alcanzar una nueva inercia que solo indique futuro, desarrollo, progreso, equidad, justicia, ¡humanidad!