Es increíble que la izquierda tome el lado de aquellos que indefectiblemente están en contra de sus ideales: igualdad, libertad de culto, libre desarrollo de la personalidad y escogencia de género; me refiero a que siempre escoge el lado de los islamistas. Pero más sorprende la posición del feminismo contemporáneo y su defensa del hijab (velo que cubre el cabello), al que consideran una afirmación cultural de la mujer musulmana. El hijab es obligatorio en Irán y Afganistán, y para Masih Alinejad, activista iraní exiliada, esto es un apartheid de género del que el movimiento feminista no dice nada.
El hijab es un símbolo de virtud con el cual el hombre expresa (en el mundo musulmán la mujer no cuenta): mi esposa y mi hija son puras, la tuya no lo es. Y son puras porque no tienen el pelo (cabello) al aire, porque el pelo al aire es un coqueteo que incita la excitación en el hombre. O sea, que la ‘culpabilidad’ de la excitación del hombre se le endilga a la mujer. Porque, claro, hombre que no se excita es hombre que no ataca a la mujer, que a su vez no es violentada, y por tanto tampoco es infiel. Todo es un increíble juego metafísico donde se proscriben los sentimientos que traemos en el ADN desde los animales más primitivos, y se le atribuyen en todos sus orígenes a la mujer.
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En los regímenes islámicos donde el hijab no es obligatorio -que son la mayoría-, las mujeres que lo usan dicen que “evita la lujuria”, “preserva la santidad” y “las mantiene alejadas del perjuicio”. Sí, pero bien pensado esto no es libertad, no es una escogencia, es un acto de defensa frente a la actitud irracional e irrefrenable del hombre.
En otras instancias la mujer musulmana dice que lo usa como honor, “porque la honra”: la mancha de la hija es una carga para la familia; quiero saber qué pasa en su casa cuando una de estas mujeres decida no usar el hijab. Nosotros que vivimos en una sociedad donde el honor es importante, sabemos lo dañino que es el ‘qué dirán’.
Me pregunto cómo verá el mundo islámico la libertad del orgasmo de la mujer, me pregunto si lo puede asimilar. Porque, si le molesta el pelo suelto, bien intimidado se ha de sentir con un verdadero éxtasis: comunión sublime y egoísta soledad, que hemos sacralizado en Occidente. De pronto esto es lo que al mundo islámico le molesta de nuestra sociedad, a la que considera corrupta y decadente. De pronto ese descontrol los hace ver ‘menos pura’ a su mujer. Digo esto porque en muchos países del África musulmana practican la ablación genital femenina (cliteridectomía). Para mencionar el peor, en Somalia se lo hacen al 90% de las mujeres.
El feminismo radical no está a favor de la igualdad de la mujer; al igual que la izquierda, está en contra del hombre blanco privilegiado, siempre dentro de la narrativa opresor/oprimido.