Aunque no revelan verdades escritas a piedra, las encuestas dan pistas sobre la percepción ciudadana. En la más reciente, publicada por Invamer, el alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, ya no es el gobernante más popular del país, como sí lo fue al final de su primer mandato (2008-2011) y durante todo el segundo (2016-2019). Char obtuvo 72% de aprobación, por debajo de sus pares de Cartagena (Dumek Turbay, 74%) y Medellín (Federico Gutiérrez, 73%). Aunque su popularidad sigue alta, no es un buen número para Char, acostumbrado a aprobaciones superiores al 90%, un indicador más propio de dioses que de seres terrenales.
En dos Invamer de 2018 y 2019, de hecho, marcó 95%. Que Char haya descendido del Olimpo podría explicarse por una sumatoria de factores nacionales (pesimismo generalizado, un Gobierno central distante y la pérdida de la sede de los Juegos Panamericanos) y hechos locales. Estos últimos afectan, directamente, la calidad de vida cotidiana de los barranquilleros. El más notorio de ellos es la inseguridad.
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Otra vez
Si bien ese fenómeno también golpea con saña a otras capitales y mucho de lo que ocurre no es ajeno a la fallida Paz Total de Gustavo Petro, Char y sus aliados negaron durante años la presencia de grupos armados en Barranquilla. Hasta el personero Miguel Alzate reconoció, en entrevista con el periodista José Granados, que eso ayudó a fortalecer a las bandas, por cuya disputa los barranquilleros viven en zozobra permanente. En la misma Invamer, el 54% de los encuestados dijo que el principal problema de Barranquilla era la inseguridad, 10 puntos más que en abril.
La inseguridad también marcó de primera en las otras capitales medidas (Bogotá, Cali, Medellín, Bucaramanga y Cartagena). Sin embargo la percepción de Barranquilla fue la más alta y duplicó a la de Medellín (25,2%). Y hay razones de sobra. Sólo durante tres semanas consecutivas del agosto que acaba de terminar, hubo hallazgos de restos humanos: primero fueron unos niños quienes encontraron una cabeza en el barrio Carlos Meisel; luego, habitantes del barrio San Vicente, en la vecina Soledad, hallaron un cuerpo en una nevera, y a los pocos días, otros ciudadanos se toparon con un cuerpo en una bolsa en la Circunvalar.
También agosto cerró con dos empresas de transporte público, momentáneamente fuera de las calles del área metropolitana, por atentados a sus buses como presión para el pago de ‘vacunas’. A todo ese escenario dantesco se suman la crisis del transporte público, con un sistema masivo (Transmetro) agonizante; un Char casi ausente del debate por las elevadas tarifas de energía, cada vez más difíciles de pagar, y recientes operativos policiales contra los conductores de plataformas, que han derivado en exceso de fuerza. Con los videos de esos operativos viralizados, buena parte de los barranquilleros repite que mientras en la ciudad extorsionan y matan, la Policía se enfoca en perseguir a quienes se ganan su sustento diario en las calles.