Columna

Pegasus

“De esa violencia fratricida han surgido monstruos de múltiples cabezas como el narcotráfico, paramilitares, bandas criminales...”.

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CARMELO DUEÑAS CASTELL
11 SEPT 2024 - 12:00 AM

Dice Ovidio que “Medusa fue notable por su belleza” y lo más bello era su cabello. Pero, tras ser violada por Poseidón en el templo de Atenea, la indignada diosa castigó a la ultrajada transformándole el cabello en horribles serpientes. Como dolorosamente aun ocurre con muchas violaciones en las que el escarnio y la maledicencia se ensañan sobre la víctima dejando indemne al vil culpable. En adelante Medusa petrificó a todo aquel que la miraba hasta que Perseo aprovechó mientras dormía para decapitarla y entregar su cabeza a Atenea.

De la sangre derramada de Medusa nació Pegaso, un hermoso caballo blanco volador, como debió haber surgido la paloma de la paz de los ríos de sangre y masacres que por décadas nos han violentado. Pero no, de esa violencia fratricida han surgido monstruos de múltiples cabezas como el narcotráfico, paramilitares, bandas criminales y pseudo movimientos políticos. Igual a Quimera, su imagen hoy en un museo de Florencia resulta imponente y admirable. Pero hace más de 2.500 años era un gigantesco monstruo que aterrorizaba poblaciones en donde engullía rebaños enteros.

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El monstruo vivía en lo que hoy es Turquía y tenía tres cabezas; adelante la de un león, en medio la de una cabra y en la cola una serpiente. Para agigantar el horror escupía fuego. Igual que esa Quimera hemos padecido políticos que, llegados al poder, solo son una quimera que, igual que monstruo mitológico incendian con su verborrea y poseen varias cabezas: con una generan caos y terror, con otra vociferan cual cabra loca y la última es tóxica cual serpiente.

En paralelo Pegaso, aquel hermoso y blanco corcel alado, corría y volaba indomable surcando los cielos, cual mágico globo para distraer ilusos que por estas calendas lanzan algunos no sin algo de razón. Jinete alguno había logrado montar al brioso caballo. Belerofonte lo había intentado todo sin éxito. Hasta que la misma Atenea le regaló una brida mágica con riendas de oro. El jinete erigió un altar a la diosa y sacrificó un toro a Poseidón. Solo así pudo domar a Pegaso. Pletórico de dicha saltó sobre el corcel y lo amaestró para el combate. Con él derrotó a las Amazonas y mató a Quimera atravesándola con una lanza. Ebrio del éxito, cual político moderno ciego de poder que intenta perpetuarse en él, nuestro obnubilado jinete concibió lo utópico: obligó a Pegaso a que lo llevara al Olimpo para convertirse en dios. Advertido Zeus de semejante atrevimiento, probablemente mediante uno de los primitivos programas espía, envió a un insignificante mosquito que picó a Pegaso con lo cual Belerofonte se precipitó al vacío y quedó lisiado de por vida. Como dice el refranero popular: ‘Suben como palma y bajan como coco’.

*Profesor de la Universidad de Cartagena.

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