En la Alcaldía de Cartagena, sin importar quién ha sido el mandatario, se han creado cargos que algunos califican de burocráticos, pero otros los ven necesarios.
Por ejemplo, hemos visto pasar de un alcalde de la calle que intentaba solucionar los chicharrones del día a día, a una asesora de despacho para la reactivación y adaptación económica y social, en el marco de la pandemia por COVID-19; también se encargó a una asesora de despacho del alcalde para Mercados Públicos, que luego fue gerente del Centro Histórico; se nombró además a un asesor de despacho para la seguridad de la noche.
Y este año entre los más sonados están que se contrató a un general retirado para que dirigiera un plan de seguridad llamado Plan Titán, y el más reciente encargo de la asesora para la Creación de Capital Social y Humano, para gerenciar las Fiestas de Independencia.
Aún faltaría por materializarse una propuesta de campana: “Un alcalde de la noche, para solucionar problemas en atención en salud”.
La lista de cargos, estratégicos o inventados, como los quiera llamar, es más larga, sin embargo, el objetivo de esta columna no es calificar uno a uno, porque bastará con revisar resultados para saber qué funciona y qué no para la Heroica.
Lo que ningún mandatario hasta el momento ha priorizado con acciones contundentes y que es un fenómeno que viene creciendo de manera descomunal es el tema de las motos.
En una ciudad en la que se vende, en promedio, una motocicleta nueva cada tres horas, y en la que nadie sabe exactamente cuántas circulan a diario (las autoridades dicen que hay aproximadamente 70 mil registradas) alguien tiene que, además de poner el orden, pensar en una estrategia que el fin último sea dejar de verlas como un vehículo esencial de transporte para los ciudadanos. Este año, en Bolívar se han matriculado cerca de 18 mil motocicletas. Solo en agosto se vendieron y matricularon 2.380, es decir, 79 motos al día (en promedio).
Están por doquier: en las cebras, en los andenes, volándose semáforos, en el carril de Transcaribe, en contravía, en la mayoría de los accidentes de tránsito o usándolas para huir luego de cometer un robo, como pasó recién en El Cabrero.
Más allá de emitir decretos en los que se prohíbe el parrillero en un puñado de barrios, hay que pensar en alguien que se concentre únicamente en las motos. Y no, no pensemos en la dirección del DATT que ya bastante tiene por hacer en movilidad, se requiere de un experto que no tenga un rol operativo sino estratégico, con el objetivo no solo de pensar en impactar a los motociclistas con cultura y educación vial, sino que realmente haya una seria caracterización para definir el uso, que sirva para encontrar una salida laboral diferente al mototaxismo, porque urge intervenir este fenómeno de manera integral.
Si este funcionario genera una articulación eficiente, entre otras dependencias, con Transcaribe y Secretaría del Interior, al finalizar el periodo será visible la reducción considerable de imprudencias, de accidentes y hasta de tanto sicariato que se comete en estos vehículos.

