comscore
Columna

¿Oxímoron o pleonasmo?

“Solo así, conscientes de nuestra naturaleza dual, podremos esforzarnos cada día por inclinar la balanza hacia lo sublime...”.

Enrique Del Río González

Compartir

“El hombre es el único animal que se ruboriza. O que necesita ruborizarse”. Mark Twain.

El lenguaje, en su extraordinaria precisión, nos ofrece figuras retóricas que van más allá de simples adornos literarios para convertirse en radiografías del alma humana.

El oxímoron, esa contradicción aparente entre términos opuestos, genera destellos de significado que iluminan verdades profundas, tales como “silencio atronador” o “dulce tormento”, donde los contrarios se encuentran para revelar nuevas dimensiones del pensamiento.

Por otro lado, el pleonasmo, esa redundancia que consideramos una errada forma de expresión muy innecesaria, puede transformarse en un recurso que intensifica y subraya lo evidente, verbigracia, “lo vi con mis propios ojos” o “torturar dolorosamente”. En su aparente superfluidad, el pleonasmo puede convertirse en una licencia literaria, un martillo que golpea la conciencia, enfatizando lo que no queremos ver.

La expresión “basura humana”, tan común en nuestro léxico cotidiano, encierra una dualidad fascinante: puede ser tanto un oxímoron como un pleonasmo, dos figuras retóricas aparentemente contradictorias que, en este caso, conviven en una tensión reveladora.

Como oxímoron, la frase yuxtapone términos opuestos: lo “humano”, esa condición sublime capaz de crear sinfonías, curar enfermedades y alcanzar las estrellas, contra “basura”, aquello descartable, corrupto, inservible. La contradicción inherente nos golpea: ¿Cómo puede algo tan elevado ser simultáneamente tan despreciable?

Sin embargo, cuando observamos ciertos comportamientos - la crueldad calculada, la traición premeditada, la violencia gratuita - la misma frase se transforma en un pleonasmo, una redundancia que duele. Porque, tristemente, solo los humanos somos capaces de acciones tan viles que el término “basura” parece quedarse corto. Los animales matan por supervivencia, nosotros por placer; ellos luchan por territorio, nosotros destruimos por codicia.

Esta dualidad gramatical refleja nuestra propia naturaleza contradictoria. En cada ser humano conviven el artista y el destructor, el santo y el demonio, la capacidad de elevar y de degradar. La frase “basura humana” es así un espejo lingüístico de nuestra condición: puede ser un oxímoron cuando recordamos nuestro potencial divino, y un pleonasmo cuando contemplamos nuestros abismos más oscuros.

Quizá la verdadera esencia radique en reconocer ambas posibilidades en nosotros mismos: la capacidad de caer en lo más bajo y de elevarnos a lo más alto. Solo así, conscientes de nuestra naturaleza dual, podremos esforzarnos cada día por inclinar la balanza hacia lo sublime, transformando el oxímoron en nuestro ideal y desterrando el pleonasmo a las sombras de lo que podríamos ser, pero elegimos no ser.

Pd. Sentidas condolencias a la familia y allegados de mi amigo Marco Vázquez, quien falleció en el día de ayer. QEPD.

*Abogado.

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News