Hoy es casi inevitable usar dispositivos electrónicos para actividades cotidianas como comunicarnos, jugar, hacer compras, ejercitarnos, trabajar o estudiar. Es por ese motivo que, como ciudadanos digitales, debemos reconocer y vigilar qué tanta información personal estamos compartiendo en nuestro día a día.
Sin darnos cuenta, las empresas y compañías tecnológicas recogen información sobre nuestras preferencias, intereses y otras características que definen quiénes somos y cómo nos sentimos. Pueden, incluso, registrar información sobre nuestras emociones; y su uso ético es, en ocasiones, cuestionable.
Las emociones son estados afectivos que surgen como respuesta a estímulos que percibimos e interpretamos de acuerdo con experiencias previas. Se manifiestan, muchas veces de forma involuntaria, a través de diversas reacciones físicas (como los gestos, palabras o movimientos) y fisiológicas (como la frecuencia cardíaca, la sudoración de la piel o el tono muscular). La captura y el análisis de estas señales es posible gracias a los avances en tecnologías como los sensores y dispositivos biomédicos. La información recabada mientras usamos el celular a través del reconocimiento facial o con nuestras publicaciones en redes sociales, o con monitores de actividad física tipo smart-band, puede procesarse y usarse para entrenar modelos de inteligencia artificial y así reconocer automáticamente nuestras emociones.

Una empresa pública para lo que falta
María Claudia Peñas A.Los riesgos están allí presentes. Con información de las emociones de las personas es posible generar dependencia a ciertas aplicaciones como juegos o redes sociales, manipular las opiniones de las personas, o incluso, incitar a comportamientos violentos. Sin embargo, otros fines son más prometedores: en el ámbito educativo, por ejemplo, estas tecnologías permiten evaluar metodologías de enseñanza y aprendizaje y hacer seguimiento a la motivación de los estudiantes; en redes sociales, usarse para personalizar contenidos o para diseñar mejores estrategias de mercadeo; y en entornos laborales, para identificar estrés y fatiga en los trabajadores y prevenir accidentes.
Reconocer las emociones propias y de los otros permite construir relaciones interpersonales y promover habilidades como la empatía, la resolución de conflictos y el trabajo en equipo. Por ello, es clave para la convivencia, el bienestar y el éxito de las personas y organizaciones. Sin duda, la tecnología puede ayudarnos a alcanzar estos objetivos, pero no podemos perder de vista la importancia del cuidado de nuestra información y velar que esta se use de forma ética.
Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.
*Decana de la Escuela de Ingeniería, Arquitectura y Diseño, UTB.