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Columna

La tauromaquia como patrimonio cultural intangible

El concepto de patrimonio ha cambiado mucho desde entonces. En efecto, la definición de cultura y de sus componentes se han conocido al menos siete versiones.

Edgardo Pallares Bossa

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La defensa del patrimonio cultural es, sin duda, algo reciente en la historia de la humanidad. Solo por ahí en los años cincuenta, visto el desastre de la Segunda Guerra Mundial, las distintas sociedades, especialmente las europeas que habían sido directamente afectadas, tomaron conciencia de la importancia de la conservación del patrimonio físico y tiempo después también lo hicieron con el intangible.

Gracias a ellos, en el caso de Colombia, pudieron salvarse un buen trecho de murallas en Cartagena de Indias (el murallicidio), después a la misma ciudad en 1984 se le dio el título “patrimonio histórico y cultural de la humanidad” que le entregó la UNESCO (Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura).

El concepto de patrimonio ha cambiado mucho desde entonces. En efecto, la definición de cultura y de sus componentes (lenguaje, creencias, valores, normas e instrumentos y signos), por ejemplo, se han conocido al menos siete versiones que la UNESCO ha modificado en el intento de dar cabida a sociedades modernas en todo el planeta.

Fue así como la noción de patrimonio deriva finalmente en dos modalidades o clases que son: a) Patrimonio cultural material o tangible (aplicado a obras arquitectónicas, inmuebles, estatuas, trajes o piezas de artillería, ya sea que puedan o no desplazarse de un lugar a otro) y; b) Patrimonio cultural inmaterial o intangible (aplicado a prácticas verbales, musicales), como expresiones que generan las llamadas artes del espectáculo, usos sociales, rituales, conocimientos relativos a la naturaleza y el universo o los saberes y técnicas vinculados a la artesanía tradicional.

En ese sentido, como el patrimonio cultural inmaterial es un factor que no solo apoya la diversidad cultural frente a la creciente globalización del planeta, contribuye al diálogo intercultural y promueve el respeto a otros modos de vida. Y además, como valor social y económico resulta pertinente para la defensa de los grupos estatales, sociales, minoritarios o mayoritarios, es importante para los países desarrollados o también para los en vías de desarrollo.

El patrimonio cultural inmaterial, tiene las siguientes características:

1) Incluye no solo la tradición hereditaria, sino los usos urbanos y rurales contemporáneos que caracterizan a diversas generaciones;

2) Es integrador, porque comparte expresiones parecidas provenientes de diversos contextos sociales contribuyendo a la cohesión social y el fomento del sentimiento de identidad de cada uno;

3) Es representativa y en ese sentido, dicho patrimonio no se valora solo por el aspecto cultural, sino además porque es transmisible de generación en generación y;

4) Se basa en la comunidad, es decir, el patrimonio cultural solo puede serlo, si es reconocido como tal por las comunidades a quienes interesa y que son las que lo sostienen y transmiten.

En esas circunstancias, el toreo se enmarca de las “artes del espectáculo”, pero también en el contexto de los usos sociales y rituales. En el primer ítem, por cuanto la corrida de toros se ha difundido siempre como un espectáculo público de gran arraigo, popular que para España significó en los siglos anteriores y una buena parte del siglo XIX, el primer lugar entre los espectadores asistentes y por ingresos las mejores recaudaciones.

Pero, la corrida de toros, como antes se dijo, también califica en la categoría de rituales o usos sociales que propone la UNESCO. En criterio de Turner el ritual es una secuencia de actividades que conllevan palabras, textos, posturas y acciones, según el caso, cuyo contenido genera un valor simbólico importante. Los rituales se realizan siguiendo las costumbres y tradiciones de una comunidad determinada.

Los rituales tienen en su sentido más amplio las siguientes características: 1) Formalistas, o sea son un conjunto, rígidamente organizado que se focaliza en la exactitud derivada del precedente histórico, el rito ancestral o la ceremonia. Esto se observa claramente en el desenvolvimiento de las corridas de toros que tienen una secuencia invariable que se identifica en los “tres tercios de la lidia” (varas, muleta y muerte); 2) Invariancia, la antropóloga Katherine Bell insiste en esta característica porque afirma que ello supone disciplina de parte del actor y actores sometidas a una curiosa cartografía. En este sentido, el ruego de celebración del espectáculo taurino debe estar en perfectas condiciones no solo para el torero, sino para la propia res a lidiar y ello tiene que ver con la climatología imperante que puede conducir e incluso a la suspensión de la corrida; 3) Reglada, esta característica significa que debe responder la lidia a un orden riguroso del ejecutor y ello incide en la ubicación, postura y ademanes del torero y también en el desempeño del toro; 4) Simbólico, supone la apelación a los mejores valores éticos y personales de una comunidad determinada, como el valor, la elegancia, la justicia que en la corrida de toros tipifican al primer espada o al matador de toros con el auxilio de su cuadrilla y; 5) Representación, por cuanto se entiende que el torero tiene los mejores valores sociales y éticos de la sociedad en que vive y especialmente si se trata de un individuo de origen modesto como representante de la sociedad española.

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