Columna

¡Adolescencia!: familia y gobierno, al tablero

“Una frase de Pepe Mojica: ‘Se equivocan quienes creen que la escuela puede tapar los orificios de la familia’...”.

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Luis Alfonso Ramírez
04 ABR 2025 - 12:00 AM

Hace varios días, por razones lógicas dada mi condición de padre de familia y de educador durante 4 décadas, hasta el pasado 3 de febrero cuando alcancé mi edad de retiro forzoso, vi la serie Adolescencia, una valiosa serie que ha llamado la atención del mundo y que obliga a una profunda reflexión de la sociedad.

Esta serie, más que una crítica, es un espejo y una excelente reflexión sobre el papel y la responsabilidad de la familia, concretamente de los padres, en la formación y la orientación de sus hijos, particularmente, en la etapa de la adolescencia.

Históricamente, el Estado y la sociedad han querido, de manera obstinada, cargar la responsabilidad de los problemas de fracaso existencial y escolar de los chicos sobre los hombros de los maestros y de la escuela, expresadas en situaciones como las de Jaimie Miller, el chico adolescente de la serie, señalado del crimen de su compañera Katie Leonard, en un aparente caso de bullying y estigmatización, cuyas causas, a nuestro juicio, encuentran su explicación y sustento en factores estructurales de la familia.

Recordemos que la escuela siempre, o casi siempre, es la caja de resonancia de la sociedad.

Al respecto, es oportuno y pertinente retrotraer una frase célebre del expresidente Pepe Mojica: “Se equivocan quienes creen que la escuela puede tapar los orificios de la familia”. El papel de la escuela y los maestros es el de acompañantes de un proceso muy complejo, que requiere ingredientes fundamentales que se cultivan en la familia y que a juicio del educador y consultor Julián De Zubiría Samper en su brillante artículo al respecto, publicado el pasado 25 de febrero en el periódico El Espectador, su papel debe ser mediado por dos elementos claves en equilibrio: amor y control, parafraseando al cantautor salsero panameño Rubén Blades.

Sin ese equilibrio en la familia, se crían y se forman adolescentes solitarios en medio de multitudes, esclavos de la algarabía digital, huérfanos de padres vivos que han delegado su papel a las redes sociales y los logaritmos, con leguaje en clave con códigos aparentemente inocentes, que esconden mensajes de acoso, manipulación, conductas de riesgo y algún grado de misoginia, disfrazada de humor y desprecio hacia las mujeres y de alguna manera, hacia la vida.

Frente a esta realidad global, en menor grado en las escuelas nuestras, urge una acción decidida e inaplazable antes que sea demasiado tarde, que vaya más allá de las importantes y reconocidas obras de infraestructura que se están realizando, de programas como el PAE en marcha, significativo plan de becas de educación superior impulsado por la Secretaría de Educación Distrital y otras, que se traduzcan en el fortalecimiento cuantitativo y cualitativo de los equipos sicosociales de apoyo, promoción de las escuelas de padres, mayor acercamiento in situ de entidades como: ICBF, Comisarías de Familia, Ider, universidades, Defensoría de Familia, Policía de Infancia y Adolescencia y lo más importante, creación del Observatorio Distrital de la Educación y la Convivencia Escolar, con autonomía e independencia presupuestal y funcional, que vaya más allá, del Comité Distrital de Convivencia, consagrado en la Ley 1620 de 2013.

“¡Solo quien tiene hijos entiende que el deber de padre no acaba jamás!”.

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