En el pasado les he contado sobre los Diálogos improbables que a hoy siguen desarrollándose en nuestro país, como una apuesta de paz y memoria y que este año se desarrolló como evento en la ciudad de Medellín. Vivos los queremos. Vivos nos queremos fue el hilo conductor de este espacio de escucha y encuentro, en el que múltiples expresiones se reconocieron: víctimas, firmantes de paz, indígenas, población LGTBIQ+, campesinos, madres buscadoras, y artistas que renovaron públicamente su compromiso con la paz. Según Verdad Abierta y Colombia Diversa, desde el 2016 hasta el 2025 se estima que entre 6.000 y 7.000 personas LGBTIQ+ han sido reconocidas oficialmente como víctimas desde la firma del Acuerdo. Por eso, también fueron protagonistas de este evento quienes compartieron con nosotros sus memorias, su diversidad y belleza. Bárbara, mujer trans venezolana, quien revivió a través de las memorias de sus abuelos su historia familiar de desplazamiento y dolor, contó cómo tuvieron que migrar hace 65 años como víctimas de desplazamiento por parte de las Farc-EP del departamento del Cesar; así como expresó: “Si queremos hablar de paz en Colombia, deberíamos de comenzar por aceptar las diferencias, valorarlas y respetarlas”. Y a su lado, de su mano, estuvo Danny. Hombre trans, firmante de paz, de origen campesino, quien a lo largo de su vida ha transitado la guerra, la maternidad, el género, la paternidad y hoy la lucha por el reconocimiento de los derechos de la comunidad LGTBIQ+. En un país marcado por el conflicto armado, las violencias basadas en género y la exclusión, vivir la identidad trans abiertamente es un acto político de resistencia; máxime en su caso, en tanto que las mismas Farc consideraba delito la homosexualidad; y se castigaba en general cualquier conducta que atentara contra la heteronormatividad. “Tuve un hijo en la guerra (…) entonces no disfruté como debiera ser esa maternidad, pero ahora, esa paternidad me la estoy disfrutando al máximo”. Un diálogo conmovedor, honesto y lleno de amor; desarrollado por dos personas que viven a diario las violencias estructurales de género y la estigmatización. Miembros de grupos poblacionales que están siendo asesinados y desaparecidos; y aun así dan la cara y resisten desde su lugar de enunciación. “Si la gente viera que la diferencia no es una amenaza. Si todos viéramos que desde las diferencias construimos, Colombia se manejaría con una felicidad muy importante”. Me aterra la forma en que aún los miran con desprecio, con asco, con miedo, como si no pertenecieran. Cómo muchos aún no lamentan sus vidas que se apagan, cómo se niegan a nombrarlos por su identidad, cómo esperan que simplemente desaparezcan.
*Abogada con especialización en Derecho Constitucional y magíster en Derecho con énfasis en Derecho Empresarial y Contractual.
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