Columna

¡Cuánta intolerancia!

“Solo así evitaremos que la noticia efímera de hoy sea el destino de mañana para otra mujer y dejaremos de protagonizar esos titulares para...”.

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ENRIQUE DEL RÍO GONZÁLEZ
05 AGO 2025 - 12:00 AM

“En memoria de las que ya no están y en nombre de las que hoy sufren en silencio”.

La escena es indignante en la sala de espera del Aeropuerto El Dorado, un hombre pierde los estribos porque una mujer no le cede un asiento, explota en violencia y le propina una fuerte bofetada. Casi al mismo tiempo, circulaba en redes el video espeluznante de un exdeportista brasileño, Igor Cabral, descargando más de 60 golpes sobre el rostro de su novia en un ascensor, hasta desfigurárselo.

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Dos hechos diferentes, pero unidos por un mismo fenómeno, ‘la violencia contra la mujer’. Son casos virales que generan rechazo inmediato, pero que forman parte de una realidad cotidiana mucho más amplia. Lejos de ser incidentes aislados, estas agresiones reflejan un problema diario no solo en el país, sino en el mundo.

En Colombia, cada día trae un nuevo caso de violencia contra la mujer que trasciende a las noticias. Las cifras recientes confirman la magnitud de esta crisis. Solo entre enero y abril de 2025 se registraron 123 feminicidios: es decir, prácticamente una mujer asesinada cada día por la violencia machista. El año anterior no fue mejor, pues entre enero y octubre de 2024 se documentaron 187 feminicidios en Colombia, un promedio alarmante de casi 20 víctimas por mes.

Pero el problema va más allá de los asesinatos. Por cada feminicidio consumado, hay miles de casos de maltrato y agresión que no llegan a ese extremo, pero dejan secuelas graves. Las cifras revelan que para muchas colombianas el hogar, la calle o incluso un aeropuerto pueden volverse escenarios de violencia. Todas enfrentan riesgos en espacios que deberían ser seguros y, aunque la sociedad está en alerta permanente, los números siguen creciendo.

Detrás de esta violencia hay una evidente cultura de machismo e intolerancia arraigada. El caso del aeropuerto lo ejemplifica, pues un simple desacuerdo por una silla desencadenó un estallido violento desproporcionado, que parece no haber sido por la silla, sino por la mentalidad del agresor que evidencia una violencia estructural de género; es decir, una concepción profundamente arraigada de menosprecio hacia la mujer, que va más allá de la situación puntual.

Y es que ser ‘hombre’ significa ser ‘humano’ y eso conlleva empatía y autocontrol, porque creemos que la tolerancia es signo de debilidad y, por el contrario, es muestra de fortaleza y civismo. Por eso debemos aprender a ceder, a dialogar o simplemente a aceptar un ‘no’ sin sentir que eso atenta contra nuestro ego, porque la verdadera valentía está en la tolerancia, en pedir ayuda si la ira nos desborda, en desaprender el machismo y aprender a respetar.

Solo así evitaremos que la noticia efímera de hoy sea el destino de mañana para otra mujer y dejaremos de protagonizar esos titulares para, algún día, dar la noticia de que la violencia contra las mujeres por fin ha comenzado a ceder.

*Abogado.

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